miércoles, 21 de noviembre de 2012

CUENTO NÚMERO DIECISIETE


CUENTO DE LA  ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO NÚMERO DIECISIETE:

Erase una vez unas ranitas que les gustaba ayudar a los demás. Iban preguntando a todos los  vecinos  si necesitaban ayuda, sobre todo a las ranas mayores,  pero todos decían que estaban muy bien y nadie querían ayuda.

Un día  ellas  y ellos  se decían "¿porque no querrán ayuda?, sabemos que la necesitan" Ellas y ellos lo hacían de buena fe, querían ayudar  a los demás  y preguntaron  a sus papas, por qué había ranas que necesitaban ayuda y la rechazaban. 

Sus papas, al verlas y verlos tan bondadosas y bondadosos  en ayudar a los demás,  se juntaron todos a decidir lo que podían hacer por sus hijas e hijos, porque les daba pena ver que querían ayudar y los que lo necesitaban no querían la ayuda.

Así que hicieron una cosa. Acordaron con los hijos que fueran al pueblo de al lado, donde había una población también de ranas. Allí no iban a  rechazar sus ayudas. Les dijeron "sabréis que lo primero son los deberes", porque eso era lo más importante para ellos, porque cuando fueran más mayores tenían que tener sus estudios terminados; ellos al ver lo que les dijeron sus padres se pusieron muy contentos. 

Así lo hicieron y a todos los vecinos del otro pueblo que lo necesitaban  las ranitas les ayudaron en todo y los mayores les daban las gracias y decían que los mayores tenían que aprender de los pequeños, lo bondadosos que eran.

domingo, 28 de octubre de 2012

CUENTO NÚMERO DIECISÉIS


CUENTOS  DE  LA  ABUELA  GUAY   PARA  SUS  NIETOS   MARTIN, XAVIER,  AMANDA, BELTRAN:  

CUENTO  NÚMERO  DIECISÉIS:

HORMIGAS Y CIGARRA

Érase una vez  una cigarra que, cuando llegaba el verano, en vez de trabajar  para tener comida bastante cuando llegara el invierno y no tener que salir a buscarla, no se preocupaba. Nada más hacía cantar.
Todos los meses de verano las hormigas le decían que aunque le gustara cantar, que trabajara también, que ellas estaban todo el tiempo trabajando y así en el invierno no tenían que salir de casa para nada, que todo lo que necesitaban  lo tenían en casa; pero ella no hizo caso a nadie, siguió cantando y cuando llegó el invierno, se dio cuenta que no había hecho caso a las hormigas y que se iba a morir de hambre.
Entonces pensó en las hormigas y dijo: "Voy a pedirles lo que a ellas les sobra"  y allí fue y les dijo que, por favor, le dieran algo de comer, que ya sabía ella que no les había hecho caso y ahora se estaba dando cuenta. Que la perdonaran.
Pero las hormigas no le dieron nada y cerraron la puerta de un golpe y ella se fue a su casa cerró la puerta y le pidió a la Virgen que la ayudara y le dijo que ya sabía que se iba a morir por no  hacer caso cuando se lo decían. La cigarra empezó a llorar y se metió en la cama porque se encontraba mal.
Entonces una mariquita que hacía unos días que no la veía, llamó a la puerta. La cigarra no contestó, ni abrió y la mariquita se asustó y le preguntó a una  hormiga si la había visto  y la  hormiguita le  contó lo que había pasado, que no le quisieron dar de comer. La mariquita le preguntó por qué habían hecho eso, que cuando la cigarra estaba cantando ellas trabajaba más contentas y la hormiga, al darse cuenta que la cigarra cantaba a cambio de nada, se fue corriendo con la mariquita y las dos entraron por una ventana que estaba abierta.
La hormiga le pidió  perdón a la cigarra por todo el daño que le hicieron, y le dieron de comer. Le ayudaron arreglar la casa, le trajeron de todo y así fueron todas felices.

CUENTO NUMERO QUINCE


CUENTOS  DE LA ABUELA GUAY  PARA  SUS NIETOS  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO  NUMERO  QUINCE:

Mis queridos nietos  este cuento os lo está escribiendo buestra  Abuela. Estos no son de su vivencia, sino cuentos que pueden pasar en el Mar y la Tierra.
Erase una vez una sirenita  muy bonita, que se encontraba muy sola porque sus papás tenían muchos hijos que querían muchísimo. Trabajaban mucho para darles de comer.  Pero un día la serenita dijo a sus hermanos si querían formar un conjunto y ponerse a cantar, porque cantaban muy bien. Y así lo hicieron, se pusieron a coger pescado para venderlo y comprarse las guitarras, gaitas, acordeones,  batería y cuando tuvieron dinero bastante, fueron a comprar todo  lo  que necesitaban.
Les faltaba comprar una carpa cubierta para ponerla  en la roca, donde querían que estuviese  la orquesta, para  que no se mojaran los instrumentos, así que fueron a coger más pescado para venderlo. Un delfin que era muy bueno,  los estaba viendo y escuchando y fue y les compro todo el pescado y les dio una propina y les ayudó a montar la carpa.
Cuando ya tenían todo montado, mientras ellos ensayaban, el Delfín fue a avisar a todos los  delfines, ballenas, focas, osos marinos, cachalotes,  salmones, pingüinos y demás animalitos del mar.    Vinieron todos a escuchar a los hermanos. La sirenita se puso a cantar y sus hermanos, los más pequeños, se pusieron a bailar. Era una maravilla como lo hacían todos, los mayores eran los que tocaban  los  instrumentos.

No cobraban nada más que lo que querían darles los que los escuchaban. El Delfín, que los quería tanto, hizo un cestito y lo dejó donde estaban los hermanos para que, los que quisieran,  echaran  allí el dinero. Los familia de sirenitos, como estaban tan agradecidos, les dijeron que volvieran al día siguiente pero no querían que les dieran más dinero: todo sería gratis. Y así lo hicieron, al día siguiente volvieron todos. Aquello era una alegría de lo bien que lo hacían. Estaban todos muy  contentos.

Sus papás, cuando escucharon la música, no sabían que los que estaban actuando eran sus hijos. Se quedaron sin saber que decir porque  no esperaban que los que tocaban tan bien fueran los sirenitos. Los abrazaron y les dijeron que tenían que prometerles que lo primero eran los estudios y luego actuar los fines de semana. Si durante la semana estudiaban y hacían bien los deberes, entonces podrían tocar. Los sirenitos dijeron que sí, que así lo iban hacer y así fue. Durante la semana estudiaban y el Delfín que los querían tanto, les ayudaba hacer los deberes,  porque no podían dejar de estudiar. Ellos sabían que lo primero era los estudios  que es lo más importante en la vida para triunfar en el trabajo y en la vida privada.        

viernes, 19 de octubre de 2012

CUENTO NUMERO CATORCE

 
CUENTO  DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA  SU  NIETO,  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN: 

CUENTO  NUMERO  CATORCE:

LAS   INJUSTICIAS   Y  INDIFERENCIAS  QUE  HAY  ENTRE  LOS  SERES  VIVOS  ES  PALPABLE:  

EMPEZARE  CON  LAS  MARIPOSAS.  QUE  ES  VALIDO  TAMBIÉN  PARA  TODOS  LOS  SERES  VIVOS:

Empezare por  las  mariposas, ¡cuantas  clases de mariposas habrá y cuantos colores tendrán!. Espero saber expresarme lo mejor posible para que lo entendáis. Cuando yo era niña, había muchas mariposas de muchos colores y se juntaban en grupos del mismo color. Aunque no siempre era así,  porque había miles y miles de mariposas y de  poblaciones, y unas nada mas querían estar juntas las que eran  igual y a otras lo mismo les daba. 

Yo las miraba a ver lo que hacían y veía que, a veces, cuando había un grupo de mariposas iguales y se  acercaban otras que no eran como ellas, salían volando detrás de ellas y las echaban de allí.
Como este es un cuento,  empezare así. Había una vez una población de mariposas que eran de muchos colores y cuando se juntaban para jugar o ir al Colegio, siempre había algunos y algunas  que nada mas les gustaba estar fastidiando a los más débiles, siempre en los  recreos o a  la entrada o salida del  Colegio. 

Las mariposas, que estaban tristes al ver que no podían jugar tranquilas porque siempre las estaban fastidiando  las demás,  no decían nada a sus papás pero estaban sufriendo mucho y preferían callárselo aunque se llevaran los golpes, porque ellas y ellos pensaban que sus papás las regañarían y pensaban que les dirían sus papas  que habrían hecho ellos y  ellas para que los demás los maltrataran. Lo decían a los profesores pero muchos no les hacían caso, decían que era cosa de pequeños pelearse.       

Ya de tanto  sufrir se juntaron  todos y acordaron que así no podían seguir, que  tenían que decirlo a sus papás, y así lo hicieron. 

Un día cuando salieron del Colegio, nada más  llegar a casa, les contaron a sus padres lo que les estaba pasando y los papás, al ver lo que  les hacían a sus hijos, decidieron reunirse,  para ver cómo  atajar  el maltrato a sus hijos. Lo primero que acordaron fue ir al Colegio y tener una reunión  con el Director  y  así fue. 

Llamaron al Director  y le pidieron reunirse con  él  y les dijo que sí y cuando le contaros lo que pasaba, les dijo no pensaba que llegara a tan lejos. Les  pidió perdón y les dijo que  habían dicho los profesores, que  las  maripositas se quejaban de los malos tratos de otras maripositas. Les prometió que no volvería a pasar más. 

Sin embargo, también había maripositas  que lo dijeron a sus padres y ellos no se interesaron por lo que les contaban sus hijos.  Les  pidieron que no volvieran a decir esas tonterías y que para esos estaban los profesores. Las  maripositas no pudieron aguantar más golpes. Y cuando pasaron unos meses, un día por la mañana viendo que no podían mas desaparecieron en el bosque. 

Los  Profesores, al ver que estas maripositas no habían ido a clase, lo pusieron en conocimiento del  Director  y el Colegio y rápidamente llamaron a los padres. Se juntaron todos, para ver como encontrarlos. Las maripositas dejaron una llamada en el contestador del teléfono del despacho del Director que decía "diles a nuestros padres que no podíamos más. Les hemos dicho lo que pasaba y no nos han hecho caso, al contrario nos echaban la culpa a nosotros. Diles que los queremos y que nos perdonen pero que no podíamos más". 

Se reunieron todos los padres de los Colegios de los que se habían ido las maripositas. Todos  colaboraron, todas las poblaciones de mariposas de bosque. A los dos días aparecieron todos acurrucaditos durmiendo y con la carita de haber llorado mucho. Los padres, cuando los vieron como estaban, lloraron amargamente, pidieron  perdón  a sus Hijos y volvieron todos felices a casa y los  maltratadores fueron  expulsados de los Colegios.

Esto vale para todos los padres, que cuando vean a sus niños tristes y que no  quieran ir al Colegio, se molesten en saber el  por qué puede ser, por si les pasa  como a las mariposas que estén recibiendo vejaciones y malos tratos.           

       

domingo, 30 de septiembre de 2012

CUENTO NUMERO TRECE




RECUERDOS  DE  MI  NIÑEZ  BASADOS EN ECHOS REALES DE MI VIDA CUANDO ERA PEQUEÑA           
RECUERDOS  DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTIN, XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO  NUMERO  TRECE:

Cuando  yo tenía  de seis  a ocho años iba  con mis amigas y amigos a coger moras a las zarzas. Había muchas, muchísimas;  estaban las zarzas que se doblaban  las ramas de la cantidad  que tenían;  llevábamos una cazuela de cada casa, en seguida  las llenábamos  llevábamos también  una cazuela mucho más grande que  las otras. En ella íbamos echando el zumo que hacíamos.      

Cuando  teníamos llenas las otras, las machacábamos e íbamos  con un colador colando el zumo para la olla grande, cuando ya estaba llena, nos la  tomábamos entre todos y luego  hacíamos  el otro zumo para llevarlo a casa. Cuando ya lo teníamos  hecho, nos lo repartíamos a partes iguales,  lo metíamos  en una cesta que llevábamos y lo colocábamos bien para que no se derramara. 

Cuando  llegábamos a casa, nuestros padres y hermanos mayores se partían de risa al vernos como llegábamos que nada más se nos veía el blanco de los ojos. La ropa la llevábamos teñida de morado,  del  zumo  de  las  moras. Era digno de vernos la pinta  que teníamos, cara, manos,  pies,  ropa,  todo era morado.


sábado, 29 de septiembre de 2012

CUENTO NUMERO DOCE


MIS  PRIMERAS  VIVENCIAS  DE  SER  MADRE PARA MIS NIETECITOS  PARA QUE  VEAN:
COMO LA ABUELA  GUAY  LUCHO  PARA CREAR A SU HIJA Y A SU  HIJO. PORQUE LO VERAN EN  LOS HECHOS REALES  QUE SU AUELA CUENTA EN ESTE RELATO QUE ESCRIBIO:     

NUMERO  DOCE

Me case enamorada de  un hombre maravilloso  y él  de mi.   Al  poco tiempo de casarnos me quede embarazada. Cuando me hice la prueba del embarazo y  vimos que dio positivo nos pusimos muy contentos. Mi marido estaba muy pendiente de  mí  pero yo era responsable de lo que  llevaba en el vientre, yo no fumaba ni bebía alcohol y no era una persona ñoña. Aunque era primeriza y mi madre estaba lejos para preguntarle las cosas como eran,  sabía muy bien que las cosas dependían de mí con ayuda de mi marido. 


Cuando yo empecé a ir al ginecólogo,  él me  decía que el embarazo iba muy bien y yo veía como  me iba creciendo la tripa. El ginecólogo me  dijo que tenía  unas cremas que traía de Sudáfrica para que las embarazadas nos las diéramos en los pechos y en la tripa para que no nos saliera estrías y así fue.  Cuando  llevaba seis meses de embarazo empecé  a darme la campana de  descompresión, una técnica por la que me ponían una campana en la tripa que hacia un vacío para que la criatura tuviese más oxigeno y saliera más inteligente y así  fue. Me la estuvieron aplicando tres veces por semana hasta  que di a luz. También hice el parto sin dolor. Iba dos veces por semana hasta que nació la criatura. Llegó el día  y di a luz una niña que era una preciosidad, tenía una pelusita rubia en la cabeza y la carita muy blanquita. Cuando el ginecólogo me la puso en mis brazo empecé  a llorar al verla tan chiquitita e  indefensa. Parecía una muñeca, peso tres kilos y cuarto y midió cincuenta centímetros. Ese momento era crucial para mí, me acordé mucho de mi madre. Pensaba que falta me hacía en ese momento para que me explicara  muchas cosas, pero no pudo ser. Pero ahí estaba mi marido, que no me dejaba un solo momento,  él se daba cuenta  que lo necesitaba y no salía de la habitación, solamente para comer. La niña era muy buena, nada más se despertaba para mamar. Cuando cumplió un mes la pusimos encima de la cama boca abajo y levantaba la cabecita y miraba a los lados, cuando tenía seis meses y medio ya se ponía de pie en la cuna, y  a los  once meses ya andaba sola.

Cuando mi niña tenía seis meses me quede embarazada por segunda vez. Nos pusimos muy contentos. Cuando llevé a la niña al pediatra, le dije que estaba  embarazada de nuevo. Él me dijo  que tenía que empezar a dar de comer a la niña comidas blandas. Primero biberones, papillas blandas y  unas  cucharaditas de puré y papillas de frutas variadas. No era tan fácil porque cuando empecé a querer darle lo que el pediatra me dijo, no quería  nada de nada, imposible darle de comer, nada más quería el pecho. Le llevaba  la comida para dársela en el parque pero ni por esas. Fue pasando el tiempo y cuando  tenía trece meses el pediatra me decía que si no le daba algo de comer,  el que tenía  en la tripa iba a nacer canijo. Ese día  también tenía hora para el ginecólogo, cuando me vio ya veía que algo me pasaba y me preguntó y yo le estuve contando todo y me dijo que en el embarazo estaba todo bien. Y la niña estaba muy controlada


Cuando le hacían análisis estaba todo perfecto aunque  nada más tomara  el pecho. Me mandó volver a los dos días para tener una reunión con los dos para ver cómo solucionarlo y así fue. Cuando llegué estaban esperándome. El primero que habló fue el pediatra y me volvió a decir lo mismo, que la criatura que estaba dentro iba a nacer canija. El ginecólogo lo miró y no sé qué  cara le pondría que ya no dijo nada mas, ya había dicho bastante. El ginecólogo me dijo que le diera biberón con leche normal con un poquito de azúcar y si lo tomaba, que empezara a dárselo con dos galletas.


A los seis meses de mi segundo embarazo empecé a darme la campana de descompresión, la misma técnica que con mi primer embarazo. Me ponían una campana en la tripa que hacía un vacío para que la criatura estuviera más  oxígeno y saliera más inteligente y así  fue. Me la estuvieron aplicando  tres  veces por semana hasta que di a luz. También hice  el parto sin dolor, iba dos veces por semana hasta que nació la criatura.


Llegó el día y di a luz. Cuando la criatura nació, nada más salir la cabecita, empezó a llorar. Aún no había salido el cuerpo y el ginecólogo me dijo "esta criatura sale con mucha fuerza". Cuando ya salió del  todo, me dijo que era un niño. Estuvo mirado que todo estuviera bien y cuando vio que estaba todo normal, me lo puso en mis brazos. Yo empecé a llorar al ver aquella preciosidad, rubito con cuatro pelos en la cabeza, estaba medio criado, pesó cuatro kilos quinientos ochenta gramos y midió cincuenta y dos centímetros. Me acordaba de lo que me decía siempre el pediatra y el daño que me hacía cuando me decía que iba a nacer canijo pero no fue así porque estaba medio criado. Yo no podía dejar de darle el pecho a mi niña porque no tomaba  otro alimento y del niño me decía el ginecólogo que todo estaba bien y no había ningún problema, aunque yo no engorde más que ocho kilos en el embarazo.
  

El ginecólogo mando a llamar al pediatra y cuando llegó le dijo "ahí tienes al canijo que iba a nacer" y él lo miraba y no sabía  que decir, lo único que hizo fue felicitarme y se fue. Mandó llamar a mi marido para que pasara al paritorio y la matrona le dijo "ya puede ir a compra ropa que esta ya no le vale". Mi marido preguntó al ginecólogo si estaba todo bien y él  le dijo que sí y mi marido  me decía  "cuánto has luchado por nuestros hijos por la que estaba fuera y el que estaba dentro". Ya nos fuimos a casa y la niña no me soltaba. Le tocaba el pecho al niño y ella no quería bajarse del brazo. El padre la cogió y le contó un cuento mientras yo atendía al niño.


Fue pasando el tiempo y cuando empecé a darle de comer al niño, me hizo igual que la niña, no quería nada de nada que no fuera el pecho, así que cogía la comida y me iba a darles de comer al parque. Eran muy buenos los dos.


Cuando tenían cuatro años ya sabían leer y les había comprado su padre "Las mil mejores poesías de la lengua castellana".


Mi marido y yo acordamos de llevarles a  Colegios religiosos, a la niña la llevamos a un Colegio de monjas, a Nuestra Señora de la Consolación y el niño al  Colegio de San Agustín.    


Era una maravilla lo bien que estudiaban, eran los primeros en la clase. Ayudaban  mucho a sus amigos y a quienes les pedían ayuda. Estuvieron en el Colegio hasta que empezaron la carrera. En COU sacaron matrícula de honor. En la selectividad   sacaron las notas por las que podían estudiar la carrera que quisieran. La niña estudio  administración y dirección de empresa. El niño ingeniero superior de telecomunicaciones. Antes de terminar la carrera ya estaban trabajando los dos. El niño hizo el doctorado y sacó sobresaliente cum laude. Los dos están trabajando en unas empresas importantes y los dos son gerentes y tienen un estatus social alto. 

            

lunes, 23 de julio de 2012

CUENTO NUMERO ONCE


RECUERDOS  DE  MI  NIÑEZ. BASADOS EN HECHOS REALES: 

DE  MI  FAMILIA,  DE  MIS  PADRES  Y  MIS  CINCO  HEMANOS

PARA  MIS NIETOS  MARTIN, XAVI,  AMANDA,  BELTRAN 

NÚMERO ONCE:

Cuando yo tenía  cinco años, es cuando  empecé a tener mis primeros recuerdos.  Lo primero que recuerdo es  la educación  de mis padres, con todo el cariño del mundo. Según la edad que teníamos, iban enseñándonos las cosas como eran. Nos hacían comprender el  significado  de la enseñanza que nos daban para que supiéramos que teníamos  que obedecer  a los papas.


Como yo era la penúltima de los seis hermanos, también aprendía  de los mayores.  Éramos  una familia muy religiosa  y lo seguimos (siendo la educación de los padres  nunca se ol:vida). Cuando nos sentábamos a la mesa  para comer,  antes de empezar, mi padre bendecía la mesa. Fuimos creciendo y la enseñanza de los padres la sentíamos con más fuerza.


Todos los días de la semana íbamos a clase. Había una escuela para la parroquia que eran cinco aldeas. Mis  hermanas y hermano mayores ya dejaban la  escuela para ayudar a mis padres en la faena del campo. Las más pequeñas seguíamos en la escuela, pero  mis padres  y los vecinos de la aldea, cuando llegaba Octubre, contrataban un profesor titulado, desde Octubre hasta  Abril ambos inclusive, para que les diera clase a mis hermanos mayores y los vecinos de la aldea de la misma edad, cuando venían por la tarde de trabajar. El profesor les  estaba  esperando  para empezar a darles las tres horas  que tenían de clase contratadas.

Cada día mis hermanas y hermano y  todos los vecinos, aprendían muchísimo, eran muy buenos profesores. Las pequeñas también estudiábamos mucho.  Me acuerdo cuando aprendí a sumar. Lo que menos me gustaba era sumar con decimales, pero mi padre ahí estaba. Para que lo entendiéramos, nos lo explicaba de tal manera que pronto comprendíamos el significado. Aprendimos a sumar, restar, multiplicar dividir, quebrados, raíz cuadrada, raíz cubica. De ahí, ya pasábamos a los problemas. Leíamos muy bien y escribíamos muy bien.


Mis hermanas y hermano eran unos jóvenes  muy guapos  con un  tipazo.  Eran  muy  altos,  ya empezaron  a ir  a las fiestas pero siempre con el permiso de mis padres,  que siempre lo tenían, porque eran muy buenos hijos y muy obedientes. Cuando iban a las fiestas y se ponían a arreglarse, allí íbamos mi hermana  la pequeña y yo a ver como lo hacían. Ya cuando se iban a poner la ropa para irse nos decían que saliéramos de la habitación y nosotras les decíamos que nos dejaran quedarnos que cerrábamos los ojos y se reían y nos dejaban, pero teníamos que cerrar los ojos  hasta que estuvieran con la ropa puesta. Mis padres  se partían de risa al ver lo que hacían mis hermanas con nosotras, y lo inocentes que  éramos  con aquella edad.  Ya cuando estaban arregladas,  iban a que mis padres les dieran  el visto bueno y así  lo  hacían, pero siempre diciéndoles como tenían que comportarse. Les decían a mis hermanas que bailaran con todos los chicos aunque no les  gustaran. Que  bailaran con ellos, aun que fueran poco agraciados, bajos, feos , que siempre  hacían un bien a los demás, y quedaban bien ante los demás, y ellas así  lo hacían, como buenas hijas y obedientes y los chicos se ponían muy contentos al haber bailado con las chicas más guapas y mejores mozas. 

Cuando llegaba la recogida de la hierba y empezaban a recogerla, comenzaban a  cantar. Lo hacían  muy bien y  todo  el pueblo se sentaba a escucharlas  porque  cantaban muy bien.

Igual cuando recogían el trigo y el centeno. Las legumbres, las patatas, el maíz, las avellanas, nueces, castañas, y así  sucesivamente. Cuando llegaban los carnavales, las chicas se vestían con la ropa de los chicos y los chicos  con la ropa de las chicas, iban por todas las casas a pedir el aguinaldo. Como llevaban las caretas puestas no los conocía nadie, era una bendición de Dios. 

Bendita niñez  y benditos recuerdos tan bonitos y la felicidad de la familia, de tener unos padres tan buenos y comprensivos, que nunca nos falto nada con ellos y la educación que nos dieron. Ahí estuvieron a nuestro lado aconsejándonos y haciéndonos comprender lo bueno y el peligro,   haciéndonos ver el camino que debíamos tomar, para nuestro  bien y el de la familia. 

Me quedo con este recuerdo  de una  familia buena.  Y que nos  queramos todos  siempre. Mis  queridos padres, gracias por todo lo  bueno que habéis hecho por nosotros, gracias  donde quiera que estéis. Espero que estéis en el  Cielo, por los buenos padres y las buenas personas que erais.  Cuantas veces fue la gente a pediros cosas y nunca habéis  dicho que no. Gracias padres, siempre os tengo en mi corazón.  Os quiero, un beso para los dos de vuestra hija.       

viernes, 22 de junio de 2012

CUENTO NUMERO DIEZ


RECUERDOS  ESPECIALES  DE  MI  NIÑEZ. BASADOS EN  HECHOS  REALES 

  RECUERDOS  DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTÍN,  XAVI,   AMADA, BELTRAN:

  NUMERO  DIEZ.
.
Cuando mis amigas, amigos y yo teníamos  siete años, empezamos  la catequesis. Para mí  fue una vivencia que nunca olvidaré, especialmente cuando el sacerdote empezó a  explicarnos todo sobre Jesús. Aunque mis papas ya habían enseñado a rezar a todos sus hijos.     

Yo, cuando el sacerdote  empezó hablar de Dios, Jesús y Espíritu  Santo,  con siete  años  no comprendía que  tres personas distintas fueran una sola, y le pregunte: "como tres personas puede ser una sola", y él me miró  y me dijo,  "buena pregunta". Y nos miro a todos y nos explicó: "escuchad  todos con atención, en este año que tenéis que aprender muchas cosas, veréis lo bueno que es aprender  la catequesis."    

Todos los domingos por la tarde, íbamos a la catequesis. Lo primero que nos dio fue  un libro, que teníamos que estudiar, lo que él nos apuntaba. Pero él  nos decía que nos fijáramos bien en el significado de las palabras que era lo más importante. Si alguna cosa no entendíamos al domingo siguiente él nos lo explicaba. Y así sucesivamente  hasta final de curso. Dos días antes de la comunión fuimos a confesar. Estábamos muy nerviosos. Para nosotros era un acontecimiento muy  importante, la verdad que nos portamos muy bien ese día y el día de la comunión. Al finalizar de la misa y de haber comulgado, nos tenía  la mama y la hermana del sacerdote un desayuno estupendo, chocolate con bollos que hacían ellas en su casa. Porque el sacerdote tenía su casa, en  la aldea donde estaba la Iglesia, parroquia a la que  pertenecíamos (eran cinco las aldeas que formaban nuestra parroquia).  Luego  cada uno celebramos la comida con la familia en casa y cuando empezó el nuevo curso empezamos la preparación para la Confirmación.

Ya estábamos más formados y aprendíamos mucho más. Cuando llegaba  la primavera íbamos todos los días al rosario. También iban todos los chicos y chicas mayores que nosotros. Los jueves había Vía Crucis, había unas canciones muy bonitas. Cantaba la juventud como ruiseñores. El domingo de Ramos llevábamos los ramos  de laurel para que los bendijera el sacerdote. En Semana Santa, tapaban Los Monumentos Del Santísimo Cristo, La  Virgen y todos los santos,  con mantos morados. A mi me daba mucha impresión verlos tapados. El jueves  santo, los labradores trabajaban hasta  las diez de la mañana, a esa hora dejaban de trabajar porque empezaba el día  santo, hasta el día siguiente Viernes Santo a las diez de la mañana no se volvía a trabajar. Porque decían que hasta esa hora era día festivo.

El Jueves Santo por la tarde noche había vía crucis, era una divinidad verlo, ponían doce lamparitas, las encendían todas y empezaba el vía crucis. Cada vez que se recorría una estación, se apagaba una lamparita, y  los chicos y las chicas jóvenes cantaban las  canciones, que era de lo más  lindo, así  hasta las doce  estaciones. Entonces se apagó la ultima lamparita, se apagaron todas las velas,  se quedó la Iglesia  a oscuras en silencio y  los jóvenes con varas de avellano  empezaron a golpear el suelo como si fuera una música, así unos cinco minutos. Cuando se encendieron las velas, los abuelos y los papas estaban llorando de emoción. Salíamos todos de la Iglesia que ya no se abría hasta el sábado por la mañana.      

El sábado por la mañana, íbamos los niños y las niñas a la Iglesia para que el sacerdote nos bendijera el agua. Cuando la llevábamos a casa, mi mama cogía parte del agua bendita  y ramas de laurel  bendecidas e  iba a bendecir las tierras y los prados. Como descendientes de celtas, hacia lo mismo que durante siglos hicieron ellos, con ritos parecidos.

El domingo de Pascua ibamos a misa por la mañana y cuando volviamos,  nos daban los padrinos la  bolla de Pascua, que era el regalo de los padrinos a los  ahijados.    

Desde el Domingo de Pascua hasta el mes de Junio que venía el Obispo para confirmarnos, quedaban dos meses. Fueron muy importantes, haciendo todos los jóvenes los preparativos del acontecimiento, porque para nosotros era muy esperada la confirmación.            

En el mes de Mayo,  íbamos al rosario por la tarde noche,  porque era el mes de las flores a la Virgen  María. Llego Junio y los jóvenes ya tenían todos los preparativos, para empezar a hacer los arcos.  Hicieron cinco arcos de laurel, era una preciosidad cada cual más bonito. Después de tenerlos hechos, los adornaron con  las flores más  bonitas  que había.  También hicieron unas banderitas  para que las lleváramos  los niños.   

Llego el día del  acontecimiento y fuimos con las banderitas de todos los colores para ir a esperar al Obispo, a la entrada de la aldea. Y allí estábamos todos los vecinos que pertenecíamos a la parroquia, y cuando llegó, nos vio a los pequeños  con las banderitas y los  chicos tocando la gaita y el bombo y las chicas cantando. Nos fuimos hacia la Iglesia y llegamos donde estaban los arcos y se quedo alucinado al ver la maravilla que habían hecho los jóvenes, era digno de ver. El sacerdote se lo iba explicando y cuando paso por dentro de los arcos y llego a la puerta de la Iglesia, se dio la vuelta y tenía los ojos llenos de lagrimas. Nunca se me olvida la imagen de la cara del Obispo, al ver lo  impresionado que quedo  ver las maravillas que hicieron lo jóvenes. Emocionado, dio  las gracias. 

Fue un acontecimiento precioso, nos confirmó a todos. Y cuando se fue, fuimos todos a despedirlo. No tenía  ganas de irse, estaba muy contento.

  

domingo, 10 de junio de 2012

CUENTO NUMERO NUEVE



RECUERDOS  DE MI  NIÑEZ  BASADOS  EN  HECHOS  REALES: 
 DE LA ABUELA  GUAY  PARA SUS NIETOS.
MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN 

BASADOS ES ECHOS REALES. NUMERO NUEVE  
:

Cuando yo tenía  de seis a siete años, iba  con mis amigas y amigos a jugar. Cuando llegaba la primavera,  íbamos a coger huevos a los nidos de los pájaros, cuando encontrábamos un nido con huevos, lo primero que hacíamos, era  un pocito y lo llenábamos de agua,  y cuando lo teníamos todo preparado, cogíamos un huevo y lo metíamos en el  agua del pozo. Si quedaba flotando, veíamos que estaba ya incubándose y lo devolvíamos al nido, pero si el huevo se iba al fondo del pozo veíamos que se podía  coger. Siempre dejábamos huevos en el nido, si tenían cuatro dejábamos dos y así sucesivamente, lo que no hacíamos era coger todos los huevos. Porque nos daba mucha pena, hablábamos, como  éramos  pequeños creíamos que los pajaritos quedaban muy triste y que  llorarían, y si dejábamos huevos  estarían muy contentos. Pensábamos que como no sabían contar, ellos viendo huevos en el nido estaban contentos y así era.

También cogíamos huevos de tordas  que eran más grandes que los de pajaritos. Y huevos de codornices y perdices. Estas ponían los nidos en el suelo, en medio de los trigales y el  centeno. Cuando íbamos a coger los huevos, teníamos que vigilarlas para ver donde tenían el nido y allí íbamos. Tenían de diez a quince huevos, siempre dejábamos la mitad y cogíamos la otra mitad.        

También cogíamos los huevos de águila, esta hacia el nido en la sierra entre la maleza. Nada más ponían de dos a tres huevos, cogíamos uno nada más. Eran como los de gallina.  

Cuando ya teníamos alrededor de trescientos huevos, nuestras mamas nos  hacían las tortillas, pero un año cuando ya nos las habían  hecho y ya teníamos todo preparado para empezar  a comer, vinieron los mayores y nos las comieron. Empezamos todos a llorar y nuestras mamas les regañaron mucho, les dijeron  que no volvieran a hacerlo más y a nosotros nos dijeron que nos hacían otras tortillas de huevos de gallinas. Pero les dijimos que no, que queríamos nuestras tortillas. Les partía el corazón al vernos tan tristes. No sabían qué  hacer, pero hasta el año siguiente no volvimos a comer nuestras tortillas.  
       
Nunca cogíamos huevos de cuervo, nos daba asco. Eran unos carroñeros comían toda la porquería. Ni tampoco el del cuco.  

Un día estábamos sentados a la sombra  y vimos dos pajaritos muy alborotados y nos levantamos y fuimos corriendo a ver lo que pasaba, no  entendíamos que había otro pájaro más  grande tirándoles los huevos al suelo, nos acercamos para que no les tirara todos.

Cuál  fue nuestra sorpresa, que cuando llegamos había  tres huevos pequeños y uno muy grande, dejamos los de los pajaritos y quitamos el grande. Lo llevamos a casa. Lo  contamos a nuestros papas y nos dijeron que el huevo que llevábamos era del cuco. Nos explicaron que el cuco siempre ponía el  huevo en otro nido, para que lo encubaran otros pajaritos y por eso estaban tirando los otros huevos y dejaba el suyo en  el nido de los pajaritos. Porque  los cucos suelen poner solamente un huevo y lo ponen en el nido  ajeno porque ellos nunca hacen nido. Nos decían nuestros padres que los cucos nunca encubaban sus  huevos, por eso lo ponían en otro nido para que lo encubaran otros pájaros. Lo que si os digo si alguna vez leéis  este relato verdadero de mi niñez es que os pido que  cuidemos  la  naturaleza, porque todos los  seres  vivos, empezando  por las personas, animales, y plantas, somos la naturaleza. Parte de DIOS.

martes, 29 de mayo de 2012

CUENTO NUMERO OCHO


RECUERDOS  DE  MI   NIÑEZ  BASADOS EN HECHOS  REALES
  RECUERDOS  DE  LA  ABUELA  GUAY   PARA   SUS NIETOS.
   MARTIN,   XAVI,  AMANDA,   BELTRAN,  

RECUERDOS. NUMERO  OCHO:

 Mis queridos nietos esto que  os estoy contando es una realidad de mi niñez  voy  a contar  lo de las nueces, las castañas y las  peras de invierno:  las nueces tienen  capa,  recubriéndola. Cuando se recogían, había  que varearlas con una vara muy larga, desde abajo, si se podía y si no, subiéndose al nogal. Luego  cuando ya estaban recogidas, se les quitaba la  cacea para que  queden limpias;  estaban muy buenas, cuando las comíamos verdes estaban  tiernas. Cuando las cogíamos, se llevaban a casa hasta que se pudiera quitar bien la cacea.   
Las castañas sé varean con un palo muy largo, se puede hacer desde el suelo pero en otras ocasiones, es necesario subir al castaño y varearlas desde arriba porque algunos castaños eran muy grandes. Las castañas tenían erizo que pinchaba, pero se hacían unos corralitos y metían las castañas allí, durante un tiempo, luego se quitaba el erizo mucho mejor y las limpiábamos, se recogían y se llevaban a casa. Muchas veces se asában  al horno y otras veces  les quitábamos la cascara y las cocíamos, para cenar con leche. Estaban buenísimas.






lunes, 28 de mayo de 2012

CUENTO NUMERO SIETE


         RECUERDOS  DE  MI  NIÑEZ BASADOS EN ECHOS REALES .

          QUE OS A ESCRITO  LA ABUELA  GUAY  PARA SUS NIETO  MARTIN, XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:  PARA  QUE SIEMPRE  TENGAS UNOS  RECUERO REALES DE LA  ABUELA GUAY
NUMERO SIETE
NIETECITOS DE MI CORAZON, ESTO QUE ESTA ESCRITO. estodo verdadero basado en hechos reales   cuando leais
s este cuento comprenderás lo que buestra Abuela hacía con sus amigas y amigos cuando teníamos  de siete a diez años:  nos dedicábamos a últimos de Mayo y la primera quincena  de junio a recoger  las fresas salvajes. En los prados había muchísimas, las tomábamos  con leche  o queso fresco que hacia mi mama. También cogíamos cerezas, picotas,  guindas, grosella, éstas estaban  acidas, pero como a mí me gusta lo acido, pues no me importaba. Íbamos  a cogerlas en este tiempo, porque a partir del quince de Junio empezaba  la recogida de la hierba.

En el mes de julio y agosto, cogíamos ciruelas, fresquillas, melocotones,  manzanas, peras  y  abornacos  que es una fruta  pequeña de color negro, como las ciruelas pero de tamaño más pequeño. Lo pasábamos  muy bien  y lo repartíamos para que estuviéramos todos iguales.
      
En el mes de septiembre íbamos a  las tierras a coger pipas de calabaza, había muchas y abríamos una y comíamos todas las pipas. Cada día cogíamos de una tierra de cada casa; en el mes de septiembre, se recogía la cosecha de judías pintas, blancas y las   cebollas. En Octubre se recogían   el maíz, las patatas y las avellanas.

domingo, 27 de mayo de 2012

CUENTO NUMERO SEIS


PRIMERAS VIVENCIAS DE MI NIÑEZ:  BASADAS EN HECHOS REALES DE MI NIÑEZ 

RECUERDOS   DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA SUS NIETOS  MARTIN, XAVI,  AMANDA,  BELTRAN,  ,

QUE SEPAIS  QUE ESTO QUE ESTA ESCRITO ES TODO VERDADERO PARA MIS NIERECITOS

NUMERO SEIS:
   Queridos nietecitos    cuando ya vosotros  aprendas  a leer os  guste estos cuentos que te está escribiendo  buestra  Abuela.  Que le gustaba mucho la naturaleza, y le sigue gustando,  las plantas,  los animalitos, los arboles, las flores  silvestres; en el verano  cuándo íbamos a buscar arándanos a la sierra había muchos,  pero teníamos que tener mucho cuidado, las plantas de arándanos eran pequeñas y estaban junto a las árgomas,  que eran también pequeñas y tenían muchos  pinchos.  Pero  siempre nos arañaban por mucho cuidado que tuviéramos. Cogíamos todos los días una cazuela pequeña que teníamos de barro, la llevábamos a casa y la comíamos toda la familia.