RECUERDOS DE
MI NIÑEZ. BASADOS EN HECHOS REALES:
DE MI
FAMILIA, DE MIS
PADRES Y MIS
CINCO HEMANOS
PARA MIS NIETOS MARTIN, XAVI, AMANDA, BELTRAN
PARA MIS NIETOS MARTIN, XAVI, AMANDA, BELTRAN
NÚMERO
ONCE:
Cuando
yo tenía cinco años, es cuando empecé a tener mis primeros
recuerdos. Lo primero que recuerdo es la educación de mis
padres, con todo el cariño del mundo. Según la edad que teníamos, iban
enseñándonos las cosas como eran. Nos hacían comprender el
significado de la enseñanza que nos daban para que supiéramos
que teníamos que obedecer a los papas.
Como yo
era la penúltima de los seis hermanos, también aprendía de los
mayores. Éramos una familia muy religiosa y lo seguimos
(siendo la educación de los padres nunca se ol:vida). Cuando nos
sentábamos a la mesa para comer, antes de empezar, mi padre
bendecía la mesa. Fuimos creciendo y la enseñanza de los padres la
sentíamos con más fuerza.
Todos
los días de la semana íbamos a clase. Había una escuela para la parroquia que
eran cinco aldeas. Mis hermanas y hermano mayores ya dejaban la
escuela para ayudar a mis padres en la faena del campo. Las más pequeñas
seguíamos en la escuela, pero mis padres y los vecinos de la aldea,
cuando llegaba Octubre, contrataban un profesor titulado, desde Octubre
hasta Abril ambos inclusive, para que les diera clase a mis hermanos
mayores y los vecinos de la aldea de la misma edad, cuando venían por la tarde
de trabajar. El profesor les estaba esperando para empezar a
darles las tres horas que tenían de clase contratadas.
Cada
día mis hermanas y hermano y todos los vecinos, aprendían muchísimo, eran
muy buenos profesores. Las pequeñas también estudiábamos
mucho. Me acuerdo cuando aprendí a sumar. Lo que menos me gustaba
era sumar con decimales, pero mi padre ahí estaba. Para que lo entendiéramos,
nos lo explicaba de tal manera que pronto comprendíamos el significado.
Aprendimos a sumar, restar, multiplicar dividir, quebrados, raíz cuadrada, raíz
cubica. De ahí, ya pasábamos a los problemas. Leíamos muy bien y escribíamos muy bien.
Mis
hermanas y hermano eran unos jóvenes muy guapos con un
tipazo. Eran muy altos, ya empezaron a ir a
las fiestas pero siempre con el permiso de mis padres, que siempre lo
tenían, porque eran muy buenos hijos y muy obedientes. Cuando iban a las
fiestas y se ponían a arreglarse, allí íbamos mi hermana la pequeña y yo
a ver como lo hacían. Ya cuando se iban a poner la ropa para irse nos decían
que saliéramos de la habitación y nosotras les decíamos que nos dejaran
quedarnos que cerrábamos los ojos y se reían y nos dejaban, pero teníamos que
cerrar los ojos hasta que estuvieran con la ropa puesta. Mis
padres se partían de risa al ver lo que hacían mis hermanas con
nosotras, y lo inocentes que éramos con aquella edad. Ya
cuando estaban arregladas, iban a que mis padres les dieran el
visto bueno y así lo hacían, pero
siempre diciéndoles como tenían que comportarse. Les decían a mis hermanas que
bailaran con todos los chicos aunque no les gustaran. Que bailaran con ellos, aun que fueran
poco agraciados, bajos, feos , que siempre hacían un bien a los demás, y quedaban
bien ante los demás, y ellas así lo
hacían, como buenas hijas y obedientes y los chicos se ponían muy contentos al
haber bailado con las chicas más guapas y mejores mozas.
Cuando llegaba la recogida de la hierba y
empezaban a recogerla, comenzaban a cantar.
Lo hacían muy bien y todo el pueblo se sentaba a
escucharlas porque cantaban muy bien.
Igual
cuando recogían el trigo y el centeno. Las legumbres, las patatas, el maíz, las
avellanas, nueces, castañas, y así sucesivamente. Cuando llegaban los
carnavales, las chicas se vestían con la ropa de los chicos y los chicos
con la ropa de las chicas, iban por todas las casas a pedir el aguinaldo.
Como llevaban las caretas puestas no los conocía nadie, era una bendición de
Dios.
Bendita
niñez y benditos recuerdos tan bonitos y la felicidad de la familia, de
tener unos padres tan buenos y comprensivos, que nunca nos falto nada con ellos
y la educación que nos dieron. Ahí estuvieron
a nuestro lado aconsejándonos y haciéndonos comprender lo bueno y el
peligro, haciéndonos ver el camino que debíamos tomar, para
nuestro bien y el de la
familia.
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