domingo, 28 de octubre de 2012

CUENTO NÚMERO DIECISÉIS


CUENTOS  DE  LA  ABUELA  GUAY   PARA  SUS  NIETOS   MARTIN, XAVIER,  AMANDA, BELTRAN:  

CUENTO  NÚMERO  DIECISÉIS:

HORMIGAS Y CIGARRA

Érase una vez  una cigarra que, cuando llegaba el verano, en vez de trabajar  para tener comida bastante cuando llegara el invierno y no tener que salir a buscarla, no se preocupaba. Nada más hacía cantar.
Todos los meses de verano las hormigas le decían que aunque le gustara cantar, que trabajara también, que ellas estaban todo el tiempo trabajando y así en el invierno no tenían que salir de casa para nada, que todo lo que necesitaban  lo tenían en casa; pero ella no hizo caso a nadie, siguió cantando y cuando llegó el invierno, se dio cuenta que no había hecho caso a las hormigas y que se iba a morir de hambre.
Entonces pensó en las hormigas y dijo: "Voy a pedirles lo que a ellas les sobra"  y allí fue y les dijo que, por favor, le dieran algo de comer, que ya sabía ella que no les había hecho caso y ahora se estaba dando cuenta. Que la perdonaran.
Pero las hormigas no le dieron nada y cerraron la puerta de un golpe y ella se fue a su casa cerró la puerta y le pidió a la Virgen que la ayudara y le dijo que ya sabía que se iba a morir por no  hacer caso cuando se lo decían. La cigarra empezó a llorar y se metió en la cama porque se encontraba mal.
Entonces una mariquita que hacía unos días que no la veía, llamó a la puerta. La cigarra no contestó, ni abrió y la mariquita se asustó y le preguntó a una  hormiga si la había visto  y la  hormiguita le  contó lo que había pasado, que no le quisieron dar de comer. La mariquita le preguntó por qué habían hecho eso, que cuando la cigarra estaba cantando ellas trabajaba más contentas y la hormiga, al darse cuenta que la cigarra cantaba a cambio de nada, se fue corriendo con la mariquita y las dos entraron por una ventana que estaba abierta.
La hormiga le pidió  perdón a la cigarra por todo el daño que le hicieron, y le dieron de comer. Le ayudaron arreglar la casa, le trajeron de todo y así fueron todas felices.

CUENTO NUMERO QUINCE


CUENTOS  DE LA ABUELA GUAY  PARA  SUS NIETOS  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO  NUMERO  QUINCE:

Mis queridos nietos  este cuento os lo está escribiendo buestra  Abuela. Estos no son de su vivencia, sino cuentos que pueden pasar en el Mar y la Tierra.
Erase una vez una sirenita  muy bonita, que se encontraba muy sola porque sus papás tenían muchos hijos que querían muchísimo. Trabajaban mucho para darles de comer.  Pero un día la serenita dijo a sus hermanos si querían formar un conjunto y ponerse a cantar, porque cantaban muy bien. Y así lo hicieron, se pusieron a coger pescado para venderlo y comprarse las guitarras, gaitas, acordeones,  batería y cuando tuvieron dinero bastante, fueron a comprar todo  lo  que necesitaban.
Les faltaba comprar una carpa cubierta para ponerla  en la roca, donde querían que estuviese  la orquesta, para  que no se mojaran los instrumentos, así que fueron a coger más pescado para venderlo. Un delfin que era muy bueno,  los estaba viendo y escuchando y fue y les compro todo el pescado y les dio una propina y les ayudó a montar la carpa.
Cuando ya tenían todo montado, mientras ellos ensayaban, el Delfín fue a avisar a todos los  delfines, ballenas, focas, osos marinos, cachalotes,  salmones, pingüinos y demás animalitos del mar.    Vinieron todos a escuchar a los hermanos. La sirenita se puso a cantar y sus hermanos, los más pequeños, se pusieron a bailar. Era una maravilla como lo hacían todos, los mayores eran los que tocaban  los  instrumentos.

No cobraban nada más que lo que querían darles los que los escuchaban. El Delfín, que los quería tanto, hizo un cestito y lo dejó donde estaban los hermanos para que, los que quisieran,  echaran  allí el dinero. Los familia de sirenitos, como estaban tan agradecidos, les dijeron que volvieran al día siguiente pero no querían que les dieran más dinero: todo sería gratis. Y así lo hicieron, al día siguiente volvieron todos. Aquello era una alegría de lo bien que lo hacían. Estaban todos muy  contentos.

Sus papás, cuando escucharon la música, no sabían que los que estaban actuando eran sus hijos. Se quedaron sin saber que decir porque  no esperaban que los que tocaban tan bien fueran los sirenitos. Los abrazaron y les dijeron que tenían que prometerles que lo primero eran los estudios y luego actuar los fines de semana. Si durante la semana estudiaban y hacían bien los deberes, entonces podrían tocar. Los sirenitos dijeron que sí, que así lo iban hacer y así fue. Durante la semana estudiaban y el Delfín que los querían tanto, les ayudaba hacer los deberes,  porque no podían dejar de estudiar. Ellos sabían que lo primero era los estudios  que es lo más importante en la vida para triunfar en el trabajo y en la vida privada.        

viernes, 19 de octubre de 2012

CUENTO NUMERO CATORCE

 
CUENTO  DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA  SU  NIETO,  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN: 

CUENTO  NUMERO  CATORCE:

LAS   INJUSTICIAS   Y  INDIFERENCIAS  QUE  HAY  ENTRE  LOS  SERES  VIVOS  ES  PALPABLE:  

EMPEZARE  CON  LAS  MARIPOSAS.  QUE  ES  VALIDO  TAMBIÉN  PARA  TODOS  LOS  SERES  VIVOS:

Empezare por  las  mariposas, ¡cuantas  clases de mariposas habrá y cuantos colores tendrán!. Espero saber expresarme lo mejor posible para que lo entendáis. Cuando yo era niña, había muchas mariposas de muchos colores y se juntaban en grupos del mismo color. Aunque no siempre era así,  porque había miles y miles de mariposas y de  poblaciones, y unas nada mas querían estar juntas las que eran  igual y a otras lo mismo les daba. 

Yo las miraba a ver lo que hacían y veía que, a veces, cuando había un grupo de mariposas iguales y se  acercaban otras que no eran como ellas, salían volando detrás de ellas y las echaban de allí.
Como este es un cuento,  empezare así. Había una vez una población de mariposas que eran de muchos colores y cuando se juntaban para jugar o ir al Colegio, siempre había algunos y algunas  que nada mas les gustaba estar fastidiando a los más débiles, siempre en los  recreos o a  la entrada o salida del  Colegio. 

Las mariposas, que estaban tristes al ver que no podían jugar tranquilas porque siempre las estaban fastidiando  las demás,  no decían nada a sus papás pero estaban sufriendo mucho y preferían callárselo aunque se llevaran los golpes, porque ellas y ellos pensaban que sus papás las regañarían y pensaban que les dirían sus papas  que habrían hecho ellos y  ellas para que los demás los maltrataran. Lo decían a los profesores pero muchos no les hacían caso, decían que era cosa de pequeños pelearse.       

Ya de tanto  sufrir se juntaron  todos y acordaron que así no podían seguir, que  tenían que decirlo a sus papás, y así lo hicieron. 

Un día cuando salieron del Colegio, nada más  llegar a casa, les contaron a sus padres lo que les estaba pasando y los papás, al ver lo que  les hacían a sus hijos, decidieron reunirse,  para ver cómo  atajar  el maltrato a sus hijos. Lo primero que acordaron fue ir al Colegio y tener una reunión  con el Director  y  así fue. 

Llamaron al Director  y le pidieron reunirse con  él  y les dijo que sí y cuando le contaros lo que pasaba, les dijo no pensaba que llegara a tan lejos. Les  pidió perdón y les dijo que  habían dicho los profesores, que  las  maripositas se quejaban de los malos tratos de otras maripositas. Les prometió que no volvería a pasar más. 

Sin embargo, también había maripositas  que lo dijeron a sus padres y ellos no se interesaron por lo que les contaban sus hijos.  Les  pidieron que no volvieran a decir esas tonterías y que para esos estaban los profesores. Las  maripositas no pudieron aguantar más golpes. Y cuando pasaron unos meses, un día por la mañana viendo que no podían mas desaparecieron en el bosque. 

Los  Profesores, al ver que estas maripositas no habían ido a clase, lo pusieron en conocimiento del  Director  y el Colegio y rápidamente llamaron a los padres. Se juntaron todos, para ver como encontrarlos. Las maripositas dejaron una llamada en el contestador del teléfono del despacho del Director que decía "diles a nuestros padres que no podíamos más. Les hemos dicho lo que pasaba y no nos han hecho caso, al contrario nos echaban la culpa a nosotros. Diles que los queremos y que nos perdonen pero que no podíamos más". 

Se reunieron todos los padres de los Colegios de los que se habían ido las maripositas. Todos  colaboraron, todas las poblaciones de mariposas de bosque. A los dos días aparecieron todos acurrucaditos durmiendo y con la carita de haber llorado mucho. Los padres, cuando los vieron como estaban, lloraron amargamente, pidieron  perdón  a sus Hijos y volvieron todos felices a casa y los  maltratadores fueron  expulsados de los Colegios.

Esto vale para todos los padres, que cuando vean a sus niños tristes y que no  quieran ir al Colegio, se molesten en saber el  por qué puede ser, por si les pasa  como a las mariposas que estén recibiendo vejaciones y malos tratos.