sábado, 29 de junio de 2013

CUENTO NUMERO VEINTITRÉS



 
CUENTOS DE LA ABUELA GUAY PARA SU NIETO MARTÍN,  XAVIER,  AMANDA, BELTRAN; 

CUENTO NUMERO VEINTITRÉS:

Erase una vez tres enjambres de abejas que se encontraban en peligro porque  vieron que todo el polen que estaban cogiendo estaba contaminado.  Fuese de la planta o arbusto que lo cogieran era  lo mismo todo estaba igual, no sabían qué hacer porque si se quedaban allí se morirían  todas y eso las  reinas no lo consienten. Estaban preparando un plan para salir de aquel infierno que estaban pasando,  cuando las tres reinas llegaron a un acuerdo llamaron a los mandos de los tres ejércitos. Iban para  que las reinas les explicaran lo que ellas habían acordado, irse del sitio donde se encontraban porque allí no podían seguir por la contaminación que había en las flores que no se podía coger el polen, era demasiada la contaminación que tenían.

Y les explicaron lo que debían de hacer, que cogieran una compañía de cada ejército especializada en el trabajo de la montaña, y buscar un lugar donde las flores no estuvieran contaminadas y el polen estuviera sano sin ningún  defecto y les explicaron todo lo que tenían que hacer y llevarse.

Al día siguiente los mandos prepararon todo y a los dos días salieron tres compañías una de cada enjambre. Las reinas les dieron la bendición y les dijeron  que  llevaran bastante suministro y cosas para  comer por si tenían que quedarse más tiempo del previsto para que tuvieran de todo y no les faltara de nada y así lo hicieron.

Al  día siguiente salieron de madrugada y se dirigieron a un paraje protegido por el gobierno de la nación, cuando llegaron les impresiono mucho todo lo que iban viendo alrededor.

Lo cuidado que estaba todo y la cantidad de flores de distintas especies y se pusieron muy contentos.

Acamparon en el sitio adecuado para descansar y pasar allí la noche, a la mañana siguiente se pusieron a buscar a ver si encontraban el sitio que tanto  deseaban, cuando ya estaban buscándolo en un pinar muy cerrado vieron unas rocas muy grandes y con unas aberturas que podían pasar y entrar perfectamente ellas al interior y de lo contentas que estaban y pensaron todos que tenían que pasar unas cuantas abejas y ver que podían encontrar dentro de las grietas; cuando ya estaban dentro vieron que aquello era una maravilla, había sitio bastante para los tres enjambres y para muchos  más. El capitán de cada ejercito cogió el departamento que más  les gustaba, cuando ya tenían todo preparado acordaron  que tenían que quedarse todos allí e irse unos mensajeros a decirles a los superiores que ya estaba todo listo para el traslado, y así lo hicieron.

Los capitanes mandaron unos mensajeros para decirles a las reinas que habían encontrado un sitio maravilloso y que todo alrededor estaba lleno de flores  de todas  las especies, estaban todos esperándoles como se espera el agua en el mes de mayo.

Al verlos llegar los mandos superiores salieron a su encuentro y cuando les contaron el sitio tan bueno que era y que tenía de todo y al ver lo maravilloso que habían encontrado lo dijeron a las reinas y ellas se pusieron  muy contentas y al día siguiente como ya tenían todo preparado les  han dicho a sus jefes militares que ya se podían poner en camino y así fue, para no demorar más tiempo.

No fuera que se pusieran malas algunas de las abejas, y a la mañana siguiente se marcharon de aquel sitio que tanto les había hecho sufrir y tal mal lo habían pasado.
Como no estaba muy lejos de allí llegaron en un día; cuando llegaron las reinas al ver el sitio tan bonito y que las colmenas  de piedra eran muy grandes alabaron  a Dios. Y entraron dentro y vieron que era una preciosidad, y  allí vivieron toda la vida y fueron muy felices.     

sábado, 1 de junio de 2013

CUENTO NÚMERO VEINTIDÓS


CUENTO  DE LA ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTÍN,  XAVI,   AMANDA,  BELTRAN
NÚMERO VEINTIDÓS:

A los pies de una montaña se halla una casa preciosa y muy bonita donde se encuentran un matrimonio de abuelitos, que llevan viviendo toda su vida. Allí nacieron, se criaron, pasaron toda su juventud, se hicieron novios, se casaron y tuvieron a sus dos hijos. Y cuando sus niños empezaron a ir a la escuela  iban muy contentos y ya en ese día la misma profesora al ver lo que hacían los niños, la manera de comportase, se dio cuenta de que esos niños iban a destacar y tener mucho futuro. En la escuela estudiaban muy bien, sus papas siempre les decían que estudiaran mucho porque así podían el día de mañana competir con los p:rimeros de la clase y  así lo hacían  y sus padre les decían que podían aprender un oficio para poder tener algo en la vida, y les dicen:  "Nosotros no pudimos hacerlo porque en aquel tiempo teníamos que trabajar para ayudar a nuestros padres. Por eso queremos que no os pase lo mismo. Y así será, no vais a tener que  trabajar en el campo porque no tenemos más  que un poco de terreno para plantar patatas,  cebollas, pimientos, tomates, judías verdes, lechugas, berenjenas y muchas más cosas."

Los niños comprendían lo que sus padres les decían y ellos comprendían que sus padres no podían darles más que lo que estaban haciendo. Un día que estaban en casa estudiando se dieron  cuenta que ellos valían para estudiar y para sacar una carrera  y acordaron los dos que iban a estudiar para sacar todo sobresalientes y ver si con las notas que sacaran podían darles unas becas para los dos y se pusieron muy contentos.

Porque su padre era ebanista y hacia unos muebles preciosos, pero se daban cuenta de que aunque trabajara mucho no podían darles más que lo que les estaban dando por mucho que se sacrificaran, así que se pusieron manos a la obra.

Los primeros exámenes sacaron todo sobresalientes los dos. Cuando la profesora les dio las notas los llamó a los dos para felicitarlos y les dijo "Si seguís estudiando siempre así podéis estudiar una carrera y os darán  una beca porque todos los chicos y chicas que estudiaron  así les dieron la  beca y vosotros no vais a ser menos que ellos". Y le dijeron que sus padres no podrían pagarles unos estudios porque ya les estaban dando lo máximo que pueden darles por eso ellos  han acordado estudiar lo máximo para estudiar una carrera pero no querían decirles nada hasta más adelante y le pidieron a la profesora que les ayudara para poder conseguirlo y ella les prometió que contaran con ella. Los padres, como no llegaban a casa y sabían que les darían las notas ese día, creían que no llegaban porque no tenían buenas notas y se fue el padre a por ellos. Cuando llegó al colegio vio que la profesora estaba hablando con ellos, y les dijo "Como no llegabais vine  a ver si os pasaba algo". La profesora le miro y le dio las notas de sus hijo y él cuando las vio  miró a los dos y se puso a llorar. La profesora se levanto y le dijo: "Sus hijos pueden estudiar lo que quieran. Y ahora nos vamos a casa y por el camino  les compra un helado". Y así fue.  Salieron y compro cinco  helados, uno para la profesora y los otros cuatro para los padres y los dos niños. Cuando llegaron a casa el padre saco los helados para comerlos y la mama les pregunto qué celebraban y los niños le enseñaros las notas y ella no sabía que decir.

Los niños les dijeron que querían estudiar una carrera y así hicieron. Pasó el tiempo y les dieron las becas para el bachiller y para la carrera. Y se quedaron en la capital para trabajar y vivir allí. A los padres venían a verlos todas las semanas.

Pasó el tiempo y los niños se casaron y tuvieron hijos. Los padres, ahora abuelitos, se quedaron solos en la aldea, el abuelo se jubiló y les habían dejado sus padres unas tierras, y unos prados al lado de las huertas que tenían ellos. Como tenían ovejas y cabras la abuela hacía muchos quesos. La abuela los hacía tan bien que se los quitaban  de las manos, tenía muchos encargos. Una vez por semana hacía el pan y como los niños de la aldea pasaban por allí para ir a la escuela, cuando volvían siempre pasaban por la casa de la abuela a ver cómo estaban y ella siempre les daba pan con chocolate y ellos se ponían muy contentos. Y el día que hacía el pan, les hacia un bollo para cada uno con chorizo y panceta que estaban como para chuparse los dedos. Los  niños se ponían muy contentos siempre, lo agradecían mucho porque la mayoría eran hermanos y pasaban muchas necesidades. Y la abuela lo sabía y no quería que aquellas criaturas pasaran necesidades. Mientras ella viviera les iba ayudar a todos en todo lo que estuviera a su alcance.