CUENTO DE LA ABUELA
GUAY PARA SUS NIETOS
MARTÍN, XAVI, AMANDA, BELTRAN
NÚMERO VEINTIDÓS:
A los pies de una montaña se halla una casa preciosa y muy bonita donde se encuentran un matrimonio de abuelitos, que llevan viviendo toda su vida. Allí nacieron, se criaron, pasaron toda su juventud, se hicieron novios, se casaron y tuvieron a sus dos hijos. Y cuando sus niños empezaron a ir a la escuela iban muy contentos y ya en ese día la misma profesora al ver lo que hacían los niños, la manera de comportase, se dio cuenta de que esos niños iban a destacar y tener mucho futuro. En la escuela estudiaban muy bien, sus papas siempre les decían que estudiaran mucho porque así podían el día de mañana competir con los p:rimeros de la clase y así lo hacían y sus padre les decían que podían aprender un oficio para poder tener algo en la vida, y les dicen: "Nosotros no pudimos hacerlo porque en aquel tiempo teníamos que trabajar para ayudar a nuestros padres. Por eso queremos que no os pase lo mismo. Y así será, no vais a tener que trabajar en el campo porque no tenemos más que un poco de terreno para plantar patatas, cebollas, pimientos, tomates, judías verdes, lechugas, berenjenas y muchas más cosas."
Los niños comprendían lo que sus padres les decían y ellos comprendían que sus padres no podían darles más que lo que estaban haciendo. Un día que estaban en casa estudiando se dieron cuenta que ellos valían para estudiar y para sacar una carrera y acordaron los dos que iban a estudiar para sacar todo sobresalientes y ver si con las notas que sacaran podían darles unas becas para los dos y se pusieron muy contentos.
Porque su padre era ebanista y hacia unos muebles preciosos, pero se daban cuenta de que aunque trabajara mucho no podían darles más que lo que les estaban dando por mucho que se sacrificaran, así que se pusieron manos a la obra.
Los primeros exámenes sacaron todo sobresalientes los dos. Cuando la profesora les dio las notas los llamó a los dos para felicitarlos y les dijo "Si seguís estudiando siempre así podéis estudiar una carrera y os darán una beca porque todos los chicos y chicas que estudiaron así les dieron la beca y vosotros no vais a ser menos que ellos". Y le dijeron que sus padres no podrían pagarles unos estudios porque ya les estaban dando lo máximo que pueden darles por eso ellos han acordado estudiar lo máximo para estudiar una carrera pero no querían decirles nada hasta más adelante y le pidieron a la profesora que les ayudara para poder conseguirlo y ella les prometió que contaran con ella. Los padres, como no llegaban a casa y sabían que les darían las notas ese día, creían que no llegaban porque no tenían buenas notas y se fue el padre a por ellos. Cuando llegó al colegio vio que la profesora estaba hablando con ellos, y les dijo "Como no llegabais vine a ver si os pasaba algo". La profesora le miro y le dio las notas de sus hijo y él cuando las vio miró a los dos y se puso a llorar. La profesora se levanto y le dijo: "Sus hijos pueden estudiar lo que quieran. Y ahora nos vamos a casa y por el camino les compra un helado". Y así fue. Salieron y compro cinco helados, uno para la profesora y los otros cuatro para los padres y los dos niños. Cuando llegaron a casa el padre saco los helados para comerlos y la mama les pregunto qué celebraban y los niños le enseñaros las notas y ella no sabía que decir.
Los niños les dijeron que querían estudiar una carrera y así hicieron. Pasó el tiempo y les dieron las becas para el bachiller y para la carrera. Y se quedaron en la capital para trabajar y vivir allí. A los padres venían a verlos todas las semanas.
Pasó el tiempo y los niños se casaron y tuvieron hijos. Los padres, ahora abuelitos, se quedaron solos en la aldea, el abuelo se jubiló y les habían dejado sus padres unas tierras, y unos prados al lado de las huertas que tenían ellos. Como tenían ovejas y cabras la abuela hacía muchos quesos. La abuela los hacía tan bien que se los quitaban de las manos, tenía muchos encargos. Una vez por semana hacía el pan y como los niños de la aldea pasaban por allí para ir a la escuela, cuando volvían siempre pasaban por la casa de la abuela a ver cómo estaban y ella siempre les daba pan con chocolate y ellos se ponían muy contentos. Y el día que hacía el pan, les hacia un bollo para cada uno con chorizo y panceta que estaban como para chuparse los dedos. Los niños se ponían muy contentos siempre, lo agradecían mucho porque la mayoría eran hermanos y pasaban muchas necesidades. Y la abuela lo sabía y no quería que aquellas criaturas pasaran necesidades. Mientras ella viviera les iba ayudar a todos en todo lo que estuviera a su alcance.
No hay comentarios:
Publicar un comentario