CUENTO DE
LA ABUELA GUAY
PARA SUS NIETOS
MARTIN, XAVI, AMANDA, BELTRAN:
CUENTO NUMERO VEINTIUNO:
CUENTO NUMERO VEINTIUNO:
Una vez
iban unas familias de liebres y ardillas
por una pradera en la falda de una montaña. Era verano y hacía muchísimo calor. Como nunca había hecho tanto, al llegar al lado de un
manzano se sentaron a la sombra porque era imposible estar al sol. Y también para poder
dar de comer a sus pequeños.
Cuando ya estaban sentados y sus hijos comiendo, vieron a lo lejos venir andando unas sombras,
pero no sabían de quienes eran. Les extrañaba que fueran tan despacio, no las perdieron
en ningún momento de vista. Un
periquito que estaba por allí les dijo a todos que iba a ver lo que les estaba
pasando. Cuando llegó y vio el panorama empezó a llorar
y mó corriendo a los demás.
Fueron todos deprisa y cuando llegaron no sabían qué hacer al ver
el panorama tan triste. Allí se encontraba una coneja con sus cuatro hijos, muriendo de hambre y de sed sin
saber adónde ir. Lo primero que
acordaron fue llevarlos a la sombra y
darles algo de comer y beber y preguntarles
como se encontraban en ese estado y si no tenían su madriguera para no
estar con ese calor al sol. ¿Qué estaba pasando para estar en aquel estado tan malo?.
Las perdices, codornices, palomas, las garzas imperiales, dijeron que ellas llevaban una cría
cada una a la sombra y así lo hicieron. Para
la madre construyeron una camilla para
poder llevarla hasta la sombra. Cuando
ya estaban todos debajo del árbol, lo primero que hicieron fue
darles de comer.
Machacaron
la manzana y les dieron de comer y beber a las crías. Estas, en cuanto vieron la comida,
empezaron a comer y la madre se puso muy
contenta, y a ella le dieron una manzana y se puso a comer.
Cuando los
pequeños habían comido se quedaron dormidos, y aprovecharon para preguntar a la
madre. “ ¿Qué os a pasado para estar tan
débiles? “ y ella les dijo que su
compañero había salido a comer primero y luego cuando volviera podría salir ella, pero él nunca volvió, y no pudo salir a comer por no dejar a los pequeños
solos y vinieron los perritos de la pradera y les quitaron su madriguera.
Estando todos allí vinieron los jabalíes
y preguntaron que era lo que estaba pasando y se lo explicaron y entonces acordaron ir a recorrer los campos por donde solían ir ellos a comer y así a ver si encontraban al conejo papá y así lo hicieron. Fueron a recorrer toda la pradera a ver si lo
encontraban y cuál fue la sorpresa cuando vieron el conejo metido
en un rinconcito a lado de un árbol. Estaba muy herido y lo llevaron junto a su
familia y le vendaron la patita que
tenia rota.
Luego acordaron ir a hablar con los perritos de la
pradera. Cuando llegaron donde les habían quitado su madriguera, vieron a todos los perritos de la pradera tan contentos. Los jabalíes les preguntaron "¿Estas madrigueras las
habéis hecho vosotros?" Ellos contestaron que sí que llevaban mucho tiempo
viviendo allí y que estaban muy contentos porque allí tenían mucha comida.
Entonces la
coneja y otras familias de conejos dijeron que no era verdad, que las
madrigueras eran de ellos
y que los habían echado con violencia. Entonces los jabalíes se
pusieron muy furiosos y les dijeron a los perritos de la pradera que les daban unas horas para que se
fueran.
Pero los perritos de la pradera no se fueron. Entonces, al ver que no les habían hecho caso, llamaron al águila imperial para que viniese a ayudarles porque solos no podían y vino y cuando
la vieron dijeron que sí que se iban. Y el águila imperial les dijo "Mas os vale porque si no, lo lamentareis toda vuestra vida". y se fueron y no volvieron más y los conejos
volvieron todos a sus madrigueras y fueron
muy felices con la ayuda de sus amigos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario