MIS PRIMERAS
VIVENCIAS DE SER
MADRE PARA MIS NIETECITOS PARA QUE VEAN:
COMO LA ABUELA GUAY LUCHO PARA CREAR A SU HIJA Y A SU HIJO. PORQUE LO VERAN EN LOS HECHOS REALES QUE SU AUELA CUENTA EN ESTE RELATO QUE ESCRIBIO:
NUMERO DOCE
Me case
enamorada de un hombre maravilloso y él de mi.
Al poco tiempo de casarnos me quede embarazada. Cuando me hice la prueba
del embarazo y vimos que dio positivo nos pusimos muy contentos. Mi
marido estaba muy pendiente de mí pero yo era responsable de lo
que llevaba en el vientre, yo no fumaba ni bebía alcohol y no era una
persona ñoña. Aunque era primeriza y mi madre estaba lejos para preguntarle las
cosas como eran, sabía muy bien que las cosas dependían de mí con ayuda
de mi marido.
Cuando
yo empecé a ir al ginecólogo, él me decía que el embarazo
iba muy bien y yo veía como me iba creciendo la tripa. El
ginecólogo me dijo que tenía unas cremas que traía de
Sudáfrica para que las embarazadas nos las diéramos en los pechos y en la tripa
para que no nos saliera estrías y así
fue. Cuando llevaba seis meses de embarazo
empecé a darme la campana de descompresión, una técnica
por la que me ponían una campana en la tripa que hacia un vacío para
que la criatura tuviese más oxigeno y saliera más inteligente y
así fue. Me la estuvieron aplicando tres veces por
semana hasta que di a luz. También hice el parto sin dolor. Iba
dos veces por semana hasta que nació la criatura. Llegó el
día y di a luz una niña que era una preciosidad, tenía una pelusita
rubia en la cabeza y la carita muy blanquita. Cuando el ginecólogo me la
puso en mis brazo empecé a llorar al verla tan chiquitita
e indefensa. Parecía una muñeca, peso tres kilos y cuarto y midió
cincuenta centímetros. Ese momento era crucial para mí, me acordé mucho de
mi madre. Pensaba que falta me hacía en ese momento para que me
explicara muchas cosas, pero no pudo ser. Pero ahí estaba mi
marido, que no me dejaba un solo momento, él se daba
cuenta que lo necesitaba y no salía de la habitación, solamente para
comer. La niña era muy buena, nada más se despertaba para mamar. Cuando
cumplió un mes la pusimos encima de la cama boca abajo y levantaba la cabecita
y miraba a los lados, cuando tenía seis meses y medio ya se ponía de pie en la
cuna, y a los once meses ya andaba sola.
Cuando
mi niña tenía seis meses me quede embarazada por segunda vez. Nos
pusimos muy contentos. Cuando llevé a la niña al pediatra, le dije que
estaba embarazada de nuevo. Él me dijo que tenía que
empezar a dar de comer a la niña comidas blandas. Primero biberones,
papillas blandas y unas cucharaditas de puré y papillas
de frutas variadas. No era tan fácil porque cuando empecé a querer darle lo que
el pediatra me dijo, no quería nada de nada, imposible darle de
comer, nada más quería el pecho. Le llevaba la comida para dársela
en el parque pero ni por esas. Fue pasando el tiempo y
cuando tenía trece meses el pediatra me decía que si no le daba
algo de comer, el que tenía en la tripa iba a nacer
canijo. Ese día también tenía hora para el ginecólogo, cuando
me vio ya veía que algo me pasaba y me preguntó y yo le estuve contando todo y
me dijo que en el embarazo estaba todo bien. Y la niña estaba muy
controlada
Cuando
le hacían análisis estaba todo perfecto aunque nada más
tomara el pecho. Me mandó volver a los dos días para tener una
reunión con los dos para ver cómo solucionarlo y así fue. Cuando llegué estaban
esperándome. El primero que habló fue el pediatra y me volvió a decir lo mismo,
que la criatura que estaba dentro iba a nacer canija. El ginecólogo lo miró y
no sé qué cara le pondría que ya no dijo nada mas, ya había
dicho bastante. El ginecólogo me dijo que le diera biberón con leche normal con
un poquito de azúcar y si lo tomaba, que empezara a dárselo con dos galletas.
A los
seis meses de mi segundo embarazo empecé a darme la campana de
descompresión, la misma técnica que con mi primer embarazo. Me ponían una
campana en la tripa que hacía un vacío para que la criatura estuviera
más oxígeno y saliera más inteligente y así fue. Me la
estuvieron aplicando tres veces por semana hasta que
di a luz. También hice el parto sin dolor, iba dos veces por semana
hasta que nació la criatura.
Llegó
el día y di a luz. Cuando la criatura nació, nada más salir la cabecita,
empezó a llorar. Aún no había salido el cuerpo y el ginecólogo me dijo
"esta criatura sale con mucha fuerza". Cuando ya salió
del todo, me dijo que era un niño. Estuvo mirado que todo estuviera
bien y cuando vio que estaba todo normal, me lo puso en mis brazos. Yo
empecé a llorar al ver aquella preciosidad, rubito con cuatro pelos en la
cabeza, estaba medio criado, pesó cuatro kilos quinientos ochenta gramos y
midió cincuenta y dos centímetros. Me acordaba de lo que me decía siempre
el pediatra y el daño que me hacía cuando me decía que iba a nacer canijo pero
no fue así porque estaba medio criado. Yo no podía dejar de darle el pecho a mi
niña porque no tomaba otro alimento y del niño me decía el
ginecólogo que todo estaba bien y no había ningún problema, aunque yo no
engorde más que ocho kilos en el embarazo.
El ginecólogo mando a llamar al pediatra y cuando llegó le
dijo "ahí tienes al canijo que iba a nacer" y él lo miraba y no
sabía que decir, lo único que hizo fue felicitarme y se
fue. Mandó llamar a mi marido para que pasara al paritorio y la matrona le
dijo "ya puede ir a compra ropa que esta ya no le vale". Mi marido
preguntó al ginecólogo si estaba todo bien y él le dijo que sí y mi
marido me decía "cuánto has luchado por nuestros hijos
por la que estaba fuera y el que estaba dentro". Ya nos fuimos a casa y la
niña no me soltaba. Le tocaba el pecho al niño y ella no quería bajarse del
brazo. El padre la cogió y le contó un cuento mientras yo atendía al niño.
Fue
pasando el tiempo y cuando empecé a darle de comer al niño, me hizo igual que
la niña, no quería nada de nada que no fuera el pecho, así que cogía la
comida y me iba a darles de comer al parque. Eran muy buenos los dos.
Cuando
tenían cuatro años ya sabían leer y les había comprado su padre "Las mil
mejores poesías de la lengua castellana".
Mi marido y yo acordamos de llevarles a Colegios religiosos, a la
niña la llevamos a un Colegio de monjas, a Nuestra Señora de la Consolación y
el niño al Colegio de San Agustín.
Era una maravilla lo bien que estudiaban, eran los primeros en la
clase. Ayudaban mucho a sus amigos y a quienes les pedían
ayuda. Estuvieron en el Colegio hasta que empezaron la carrera.
En COU sacaron matrícula de honor. En la
selectividad sacaron las notas por las que podían estudiar la
carrera que quisieran. La niña estudio administración y
dirección de empresa. El niño ingeniero superior de telecomunicaciones. Antes
de terminar la carrera ya estaban trabajando los dos. El niño hizo el doctorado
y sacó sobresaliente cum laude. Los dos están trabajando en unas empresas
importantes y los dos son gerentes y tienen un estatus social alto.