domingo, 30 de septiembre de 2012

CUENTO NUMERO TRECE




RECUERDOS  DE  MI  NIÑEZ  BASADOS EN ECHOS REALES DE MI VIDA CUANDO ERA PEQUEÑA           
RECUERDOS  DE  LA  ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTIN, XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO  NUMERO  TRECE:

Cuando  yo tenía  de seis  a ocho años iba  con mis amigas y amigos a coger moras a las zarzas. Había muchas, muchísimas;  estaban las zarzas que se doblaban  las ramas de la cantidad  que tenían;  llevábamos una cazuela de cada casa, en seguida  las llenábamos  llevábamos también  una cazuela mucho más grande que  las otras. En ella íbamos echando el zumo que hacíamos.      

Cuando  teníamos llenas las otras, las machacábamos e íbamos  con un colador colando el zumo para la olla grande, cuando ya estaba llena, nos la  tomábamos entre todos y luego  hacíamos  el otro zumo para llevarlo a casa. Cuando ya lo teníamos  hecho, nos lo repartíamos a partes iguales,  lo metíamos  en una cesta que llevábamos y lo colocábamos bien para que no se derramara. 

Cuando  llegábamos a casa, nuestros padres y hermanos mayores se partían de risa al vernos como llegábamos que nada más se nos veía el blanco de los ojos. La ropa la llevábamos teñida de morado,  del  zumo  de  las  moras. Era digno de vernos la pinta  que teníamos, cara, manos,  pies,  ropa,  todo era morado.


sábado, 29 de septiembre de 2012

CUENTO NUMERO DOCE


MIS  PRIMERAS  VIVENCIAS  DE  SER  MADRE PARA MIS NIETECITOS  PARA QUE  VEAN:
COMO LA ABUELA  GUAY  LUCHO  PARA CREAR A SU HIJA Y A SU  HIJO. PORQUE LO VERAN EN  LOS HECHOS REALES  QUE SU AUELA CUENTA EN ESTE RELATO QUE ESCRIBIO:     

NUMERO  DOCE

Me case enamorada de  un hombre maravilloso  y él  de mi.   Al  poco tiempo de casarnos me quede embarazada. Cuando me hice la prueba del embarazo y  vimos que dio positivo nos pusimos muy contentos. Mi marido estaba muy pendiente de  mí  pero yo era responsable de lo que  llevaba en el vientre, yo no fumaba ni bebía alcohol y no era una persona ñoña. Aunque era primeriza y mi madre estaba lejos para preguntarle las cosas como eran,  sabía muy bien que las cosas dependían de mí con ayuda de mi marido. 


Cuando yo empecé a ir al ginecólogo,  él me  decía que el embarazo iba muy bien y yo veía como  me iba creciendo la tripa. El ginecólogo me  dijo que tenía  unas cremas que traía de Sudáfrica para que las embarazadas nos las diéramos en los pechos y en la tripa para que no nos saliera estrías y así fue.  Cuando  llevaba seis meses de embarazo empecé  a darme la campana de  descompresión, una técnica por la que me ponían una campana en la tripa que hacia un vacío para que la criatura tuviese más oxigeno y saliera más inteligente y así  fue. Me la estuvieron aplicando tres veces por semana hasta  que di a luz. También hice el parto sin dolor. Iba dos veces por semana hasta que nació la criatura. Llegó el día  y di a luz una niña que era una preciosidad, tenía una pelusita rubia en la cabeza y la carita muy blanquita. Cuando el ginecólogo me la puso en mis brazo empecé  a llorar al verla tan chiquitita e  indefensa. Parecía una muñeca, peso tres kilos y cuarto y midió cincuenta centímetros. Ese momento era crucial para mí, me acordé mucho de mi madre. Pensaba que falta me hacía en ese momento para que me explicara  muchas cosas, pero no pudo ser. Pero ahí estaba mi marido, que no me dejaba un solo momento,  él se daba cuenta  que lo necesitaba y no salía de la habitación, solamente para comer. La niña era muy buena, nada más se despertaba para mamar. Cuando cumplió un mes la pusimos encima de la cama boca abajo y levantaba la cabecita y miraba a los lados, cuando tenía seis meses y medio ya se ponía de pie en la cuna, y  a los  once meses ya andaba sola.

Cuando mi niña tenía seis meses me quede embarazada por segunda vez. Nos pusimos muy contentos. Cuando llevé a la niña al pediatra, le dije que estaba  embarazada de nuevo. Él me dijo  que tenía que empezar a dar de comer a la niña comidas blandas. Primero biberones, papillas blandas y  unas  cucharaditas de puré y papillas de frutas variadas. No era tan fácil porque cuando empecé a querer darle lo que el pediatra me dijo, no quería  nada de nada, imposible darle de comer, nada más quería el pecho. Le llevaba  la comida para dársela en el parque pero ni por esas. Fue pasando el tiempo y cuando  tenía trece meses el pediatra me decía que si no le daba algo de comer,  el que tenía  en la tripa iba a nacer canijo. Ese día  también tenía hora para el ginecólogo, cuando me vio ya veía que algo me pasaba y me preguntó y yo le estuve contando todo y me dijo que en el embarazo estaba todo bien. Y la niña estaba muy controlada


Cuando le hacían análisis estaba todo perfecto aunque  nada más tomara  el pecho. Me mandó volver a los dos días para tener una reunión con los dos para ver cómo solucionarlo y así fue. Cuando llegué estaban esperándome. El primero que habló fue el pediatra y me volvió a decir lo mismo, que la criatura que estaba dentro iba a nacer canija. El ginecólogo lo miró y no sé qué  cara le pondría que ya no dijo nada mas, ya había dicho bastante. El ginecólogo me dijo que le diera biberón con leche normal con un poquito de azúcar y si lo tomaba, que empezara a dárselo con dos galletas.


A los seis meses de mi segundo embarazo empecé a darme la campana de descompresión, la misma técnica que con mi primer embarazo. Me ponían una campana en la tripa que hacía un vacío para que la criatura estuviera más  oxígeno y saliera más inteligente y así  fue. Me la estuvieron aplicando  tres  veces por semana hasta que di a luz. También hice  el parto sin dolor, iba dos veces por semana hasta que nació la criatura.


Llegó el día y di a luz. Cuando la criatura nació, nada más salir la cabecita, empezó a llorar. Aún no había salido el cuerpo y el ginecólogo me dijo "esta criatura sale con mucha fuerza". Cuando ya salió del  todo, me dijo que era un niño. Estuvo mirado que todo estuviera bien y cuando vio que estaba todo normal, me lo puso en mis brazos. Yo empecé a llorar al ver aquella preciosidad, rubito con cuatro pelos en la cabeza, estaba medio criado, pesó cuatro kilos quinientos ochenta gramos y midió cincuenta y dos centímetros. Me acordaba de lo que me decía siempre el pediatra y el daño que me hacía cuando me decía que iba a nacer canijo pero no fue así porque estaba medio criado. Yo no podía dejar de darle el pecho a mi niña porque no tomaba  otro alimento y del niño me decía el ginecólogo que todo estaba bien y no había ningún problema, aunque yo no engorde más que ocho kilos en el embarazo.
  

El ginecólogo mando a llamar al pediatra y cuando llegó le dijo "ahí tienes al canijo que iba a nacer" y él lo miraba y no sabía  que decir, lo único que hizo fue felicitarme y se fue. Mandó llamar a mi marido para que pasara al paritorio y la matrona le dijo "ya puede ir a compra ropa que esta ya no le vale". Mi marido preguntó al ginecólogo si estaba todo bien y él  le dijo que sí y mi marido  me decía  "cuánto has luchado por nuestros hijos por la que estaba fuera y el que estaba dentro". Ya nos fuimos a casa y la niña no me soltaba. Le tocaba el pecho al niño y ella no quería bajarse del brazo. El padre la cogió y le contó un cuento mientras yo atendía al niño.


Fue pasando el tiempo y cuando empecé a darle de comer al niño, me hizo igual que la niña, no quería nada de nada que no fuera el pecho, así que cogía la comida y me iba a darles de comer al parque. Eran muy buenos los dos.


Cuando tenían cuatro años ya sabían leer y les había comprado su padre "Las mil mejores poesías de la lengua castellana".


Mi marido y yo acordamos de llevarles a  Colegios religiosos, a la niña la llevamos a un Colegio de monjas, a Nuestra Señora de la Consolación y el niño al  Colegio de San Agustín.    


Era una maravilla lo bien que estudiaban, eran los primeros en la clase. Ayudaban  mucho a sus amigos y a quienes les pedían ayuda. Estuvieron en el Colegio hasta que empezaron la carrera. En COU sacaron matrícula de honor. En la selectividad   sacaron las notas por las que podían estudiar la carrera que quisieran. La niña estudio  administración y dirección de empresa. El niño ingeniero superior de telecomunicaciones. Antes de terminar la carrera ya estaban trabajando los dos. El niño hizo el doctorado y sacó sobresaliente cum laude. Los dos están trabajando en unas empresas importantes y los dos son gerentes y tienen un estatus social alto.