domingo, 24 de marzo de 2013

CUENTO NÚMERO VEINTIUNO



CUENTO  DE  LA  ABUELA   GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN: 

CUENTO NUMERO  VEINTIUNO:

Una vez iban unas familias de liebres y  ardillas por una pradera en la falda de una montaña. Era verano y hacía muchísimo calor. Como nunca  había hecho tanto, al llegar al lado de un manzano se sentaron a la sombra porque era imposible estar al sol. Y también para poder dar de comer a sus pequeños.
Cuando ya estaban sentados y sus hijos  comiendo,  vieron a lo lejos venir andando unas sombras, pero no sabían de quienes eran. Les  extrañaba que fueran tan despacio, no las perdieron en ningún momento de vista. Un periquito que estaba por allí les dijo a todos que iba a ver lo que les estaba pasando. Cuando llegó y vio el panorama empezó a llorar y mó corriendo a los demás.
Fueron todos deprisa  y cuando llegaron no sabían qué hacer al ver el panorama tan triste. Allí se encontraba una coneja con sus cuatro hijos, muriendo de  hambre y de sed sin saber adónde ir. Lo primero que acordaron fue llevarlos  a la sombra y darles algo de comer y beber y preguntarles  como se encontraban en ese estado y si no tenían su madriguera para no estar con ese calor al sol. ¿Qué estaba  pasando para estar en aquel estado tan malo?.    
Las   perdices, codornices, palomas,  las garzas  imperiales, dijeron que ellas llevaban una cría cada una a la sombra  y así lo hicieron. Para la madre construyeron una camilla para poder llevarla hasta la sombra. Cuando ya estaban todos debajo del árbol, lo primero que hicieron fue darles de comer.

Machacaron la manzana y les dieron de comer y beber  a las crías. Estas, en cuanto vieron la comida, empezaron a comer y la madre se puso  muy contenta, y a ella le dieron una manzana y se puso a comer.
Cuando los pequeños habían comido se quedaron dormidos, y aprovecharon para preguntar a la madre. “ ¿Qué os a pasado para estar tan débiles? “ y ella  les dijo que su compañero había salido a comer primero y luego cuando volviera podría salir ella,  pero él nunca volvió, y no pudo salir a comer por no dejar a los pequeños solos y vinieron los perritos de la pradera y les quitaron su madriguera.
Estando todos allí vinieron  los jabalíes y preguntaron que era lo que estaba pasando y se lo  explicaron y entonces acordaron ir a recorrer los campos por donde solían ir ellos a comer y así a ver si encontraban al conejo papá y así lo  hicieron. Fueron a recorrer toda la pradera a ver si lo encontraban y  cuál  fue la sorpresa cuando vieron el conejo metido en un rinconcito a lado de un árbol. Estaba muy herido y lo llevaron junto a su familia  y le vendaron la patita que tenia rota.
Luego  acordaron ir a hablar con los perritos de la pradera. Cuando llegaron donde les habían quitado su madriguera, vieron a todos los perritos de la pradera tan contentos. Los  jabalíes les preguntaron "¿Estas madrigueras las habéis hecho vosotros?" Ellos  contestaron que sí que llevaban mucho tiempo viviendo allí y que estaban muy contentos porque allí tenían mucha comida.
Entonces la coneja y otras familias de conejos dijeron que no era verdad, que las madrigueras eran de ellos y que los habían  echado  con violencia. Entonces los jabalíes se pusieron muy furiosos y les dijeron a los perritos de la pradera que les daban unas horas para que se fueran.
Pero los perritos de la pradera no se fueron. Entonces, al ver que no les habían hecho caso, llamaron al águila imperial para que viniese a ayudarles  porque solos no podían y vino y cuando la vieron dijeron que sí que se iban. Y el águila imperial les dijo "Mas os vale porque si no, lo lamentareis toda vuestra vida". y se fueron  y no volvieron más y los conejos volvieron todos a sus madrigueras y fueron muy felices con la ayuda de sus amigos.