domingo, 28 de octubre de 2012

CUENTO NUMERO QUINCE


CUENTOS  DE LA ABUELA GUAY  PARA  SUS NIETOS  MARTIN,  XAVI,  AMANDA,  BELTRAN:

CUENTO  NUMERO  QUINCE:

Mis queridos nietos  este cuento os lo está escribiendo buestra  Abuela. Estos no son de su vivencia, sino cuentos que pueden pasar en el Mar y la Tierra.
Erase una vez una sirenita  muy bonita, que se encontraba muy sola porque sus papás tenían muchos hijos que querían muchísimo. Trabajaban mucho para darles de comer.  Pero un día la serenita dijo a sus hermanos si querían formar un conjunto y ponerse a cantar, porque cantaban muy bien. Y así lo hicieron, se pusieron a coger pescado para venderlo y comprarse las guitarras, gaitas, acordeones,  batería y cuando tuvieron dinero bastante, fueron a comprar todo  lo  que necesitaban.
Les faltaba comprar una carpa cubierta para ponerla  en la roca, donde querían que estuviese  la orquesta, para  que no se mojaran los instrumentos, así que fueron a coger más pescado para venderlo. Un delfin que era muy bueno,  los estaba viendo y escuchando y fue y les compro todo el pescado y les dio una propina y les ayudó a montar la carpa.
Cuando ya tenían todo montado, mientras ellos ensayaban, el Delfín fue a avisar a todos los  delfines, ballenas, focas, osos marinos, cachalotes,  salmones, pingüinos y demás animalitos del mar.    Vinieron todos a escuchar a los hermanos. La sirenita se puso a cantar y sus hermanos, los más pequeños, se pusieron a bailar. Era una maravilla como lo hacían todos, los mayores eran los que tocaban  los  instrumentos.

No cobraban nada más que lo que querían darles los que los escuchaban. El Delfín, que los quería tanto, hizo un cestito y lo dejó donde estaban los hermanos para que, los que quisieran,  echaran  allí el dinero. Los familia de sirenitos, como estaban tan agradecidos, les dijeron que volvieran al día siguiente pero no querían que les dieran más dinero: todo sería gratis. Y así lo hicieron, al día siguiente volvieron todos. Aquello era una alegría de lo bien que lo hacían. Estaban todos muy  contentos.

Sus papás, cuando escucharon la música, no sabían que los que estaban actuando eran sus hijos. Se quedaron sin saber que decir porque  no esperaban que los que tocaban tan bien fueran los sirenitos. Los abrazaron y les dijeron que tenían que prometerles que lo primero eran los estudios y luego actuar los fines de semana. Si durante la semana estudiaban y hacían bien los deberes, entonces podrían tocar. Los sirenitos dijeron que sí, que así lo iban hacer y así fue. Durante la semana estudiaban y el Delfín que los querían tanto, les ayudaba hacer los deberes,  porque no podían dejar de estudiar. Ellos sabían que lo primero era los estudios  que es lo más importante en la vida para triunfar en el trabajo y en la vida privada.        

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