RECUERDOS ESPECIALES
DE MI NIÑEZ. BASADOS EN HECHOS REALES
RECUERDOS DE LA ABUELA
GUAY PARA SUS NIETOS MARTÍN, XAVI, AMADA, BELTRAN:
NUMERO DIEZ.
.NUMERO DIEZ.
Cuando mis amigas, amigos y yo teníamos
siete años, empezamos la
catequesis. Para mí fue una vivencia que
nunca olvidaré, especialmente cuando el sacerdote empezó a
explicarnos todo sobre Jesús. Aunque mis papas ya habían enseñado a rezar a todos sus
hijos.
Yo, cuando el sacerdote empezó
hablar de Dios, Jesús y Espíritu Santo, con siete años no
comprendía que tres personas distintas
fueran una sola, y le pregunte: "como tres personas puede ser una sola", y él me
miró y me dijo, "buena pregunta". Y nos miro a todos y nos
explicó: "escuchad todos con atención, en
este año que tenéis que aprender muchas cosas, veréis lo bueno que es
aprender la catequesis."
Todos los domingos por la tarde, íbamos a la catequesis. Lo primero que
nos dio fue un libro, que teníamos que
estudiar, lo que él nos apuntaba. Pero él nos decía que nos fijáramos bien en el
significado de las palabras que era lo más importante. Si alguna cosa no
entendíamos al domingo siguiente él nos lo explicaba. Y así sucesivamente hasta final de curso. Dos días antes de la comunión fuimos a confesar. Estábamos muy nerviosos. Para
nosotros era un acontecimiento muy
importante, la verdad que nos portamos muy bien ese día y el día de la
comunión. Al finalizar de la misa y de haber comulgado, nos tenía la mama y la hermana del sacerdote un
desayuno estupendo, chocolate con bollos que hacían ellas en su casa. Porque
el sacerdote tenía su casa, en la
aldea donde estaba la Iglesia, parroquia a la que pertenecíamos (eran cinco las aldeas que formaban nuestra parroquia). Luego cada uno celebramos la comida con la familia
en casa y cuando empezó el nuevo curso empezamos la preparación para la
Confirmación.
Ya estábamos más formados y aprendíamos mucho más. Cuando llegaba la primavera íbamos todos los días al rosario.
También iban todos los chicos y chicas mayores que nosotros. Los jueves había
Vía Crucis, había unas canciones muy bonitas. Cantaba la juventud como
ruiseñores. El domingo de Ramos llevábamos los ramos de laurel para que los bendijera el
sacerdote. En Semana Santa, tapaban Los Monumentos Del Santísimo Cristo,
La Virgen y todos los santos, con mantos morados. A mi me daba mucha
impresión verlos tapados. El jueves santo, los labradores trabajaban hasta las diez de la mañana, a esa hora dejaban de
trabajar porque empezaba el día santo, hasta el día siguiente Viernes Santo a
las diez de la mañana no se volvía a trabajar. Porque decían que hasta esa hora
era día festivo.
El Jueves Santo por la tarde noche había vía crucis, era una divinidad
verlo, ponían doce lamparitas, las encendían todas y empezaba el vía crucis. Cada vez que se recorría una
estación, se apagaba una lamparita, y
los chicos y las chicas jóvenes cantaban las canciones, que era de lo más lindo, así
hasta las doce estaciones. Entonces se
apagó la ultima lamparita, se apagaron todas las velas, se quedó la Iglesia a oscuras en silencio y los jóvenes con varas de avellano empezaron a golpear el suelo como si fuera
una música, así unos cinco minutos. Cuando se encendieron las velas, los
abuelos y los papas estaban llorando de emoción. Salíamos todos de la Iglesia que ya no se abría hasta el sábado por la mañana.
El sábado por la mañana, íbamos los niños y las niñas a la Iglesia
para que el sacerdote nos bendijera el agua. Cuando la llevábamos a casa, mi
mama cogía parte del agua bendita y
ramas de laurel bendecidas e iba a bendecir las tierras y los prados. Como
descendientes de celtas, hacia lo mismo que durante siglos hicieron ellos, con ritos parecidos.
El domingo de Pascua ibamos a misa por la mañana y cuando volviamos, nos daban los padrinos la bolla de Pascua, que era el regalo de los
padrinos a los ahijados.
Desde el Domingo de Pascua hasta el mes de Junio que venía el Obispo para
confirmarnos, quedaban dos meses. Fueron muy importantes, haciendo todos los
jóvenes los preparativos del acontecimiento, porque para nosotros era muy
esperada la confirmación.
En el mes
de Mayo, íbamos al rosario por la tarde noche, porque era el mes de las flores a la
Virgen María. Llego Junio y los
jóvenes ya tenían todos los preparativos, para empezar a hacer los arcos. Hicieron cinco arcos de laurel, era una
preciosidad cada cual más bonito. Después de tenerlos hechos, los adornaron con las flores más bonitas
que había. También hicieron unas
banderitas para que las lleváramos los niños.
Llego el día del acontecimiento y fuimos con las banderitas de todos los colores para ir a esperar al Obispo, a la entrada de la aldea. Y allí estábamos todos los vecinos que pertenecíamos a la parroquia, y cuando llegó, nos vio a los pequeños con las banderitas y los chicos tocando la gaita y el bombo y las chicas cantando. Nos fuimos hacia la Iglesia y llegamos donde estaban los arcos y se quedo alucinado al ver la maravilla que habían hecho los jóvenes, era digno de ver. El sacerdote se lo iba explicando y cuando paso por dentro de los arcos y llego a la puerta de la Iglesia, se dio la vuelta y tenía los ojos llenos de lagrimas. Nunca se me olvida la imagen de la cara del Obispo, al ver lo impresionado que quedo ver las maravillas que hicieron lo jóvenes. Emocionado, dio las gracias.
Fue un acontecimiento precioso, nos confirmó a todos. Y cuando se fue, fuimos todos a despedirlo. No tenía ganas de irse, estaba muy contento.
Llego el día del acontecimiento y fuimos con las banderitas de todos los colores para ir a esperar al Obispo, a la entrada de la aldea. Y allí estábamos todos los vecinos que pertenecíamos a la parroquia, y cuando llegó, nos vio a los pequeños con las banderitas y los chicos tocando la gaita y el bombo y las chicas cantando. Nos fuimos hacia la Iglesia y llegamos donde estaban los arcos y se quedo alucinado al ver la maravilla que habían hecho los jóvenes, era digno de ver. El sacerdote se lo iba explicando y cuando paso por dentro de los arcos y llego a la puerta de la Iglesia, se dio la vuelta y tenía los ojos llenos de lagrimas. Nunca se me olvida la imagen de la cara del Obispo, al ver lo impresionado que quedo ver las maravillas que hicieron lo jóvenes. Emocionado, dio las gracias.
Fue un acontecimiento precioso, nos confirmó a todos. Y cuando se fue, fuimos todos a despedirlo. No tenía ganas de irse, estaba muy contento.
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