RECUERDOS DE MI NIÑEZ BASADOS EN HECHOS REALES:
DE LA ABUELA GUAY PARA SUS NIETOS.
MARTIN, XAVI, AMANDA, BELTRAN
BASADOS ES ECHOS REALES. NUMERO NUEVE
:
DE LA ABUELA GUAY PARA SUS NIETOS.
MARTIN, XAVI, AMANDA, BELTRAN
BASADOS ES ECHOS REALES. NUMERO NUEVE
:
Cuando yo tenía de seis a siete
años, iba con mis amigas y amigos a
jugar. Cuando llegaba la primavera, íbamos a coger huevos a los nidos de los
pájaros, cuando encontrábamos un nido con huevos, lo primero que hacíamos, era un pocito y lo llenábamos de agua, y cuando lo teníamos todo preparado, cogíamos
un huevo y lo metíamos en el agua del
pozo. Si quedaba flotando, veíamos que estaba ya incubándose y lo devolvíamos
al nido, pero si el huevo se iba al fondo del pozo veíamos que se podía coger. Siempre dejábamos huevos en el nido,
si tenían cuatro dejábamos dos y así sucesivamente, lo que no hacíamos era coger
todos los huevos. Porque nos daba mucha pena, hablábamos, como éramos
pequeños creíamos que los pajaritos quedaban muy triste y que llorarían, y si dejábamos huevos estarían muy contentos. Pensábamos que como no
sabían contar, ellos viendo huevos en el nido estaban contentos y así era.
También cogíamos huevos de tordas que eran más grandes que los de pajaritos. Y huevos
de codornices y perdices. Estas ponían los nidos en el suelo, en medio de los
trigales y el centeno. Cuando íbamos a
coger los huevos, teníamos que vigilarlas para ver donde tenían el nido y allí
íbamos. Tenían de diez a quince huevos, siempre dejábamos la mitad y cogíamos
la otra mitad.
También cogíamos los huevos de águila, esta hacia el nido en la sierra
entre la maleza. Nada más ponían de dos a tres huevos, cogíamos uno nada más. Eran
como los de gallina.
Cuando ya teníamos alrededor de trescientos huevos, nuestras mamas
nos hacían las tortillas, pero un año
cuando ya nos las habían hecho y ya teníamos
todo preparado para empezar a comer, vinieron
los mayores y nos las comieron. Empezamos todos a llorar y nuestras mamas les
regañaron mucho, les dijeron que no
volvieran a hacerlo más y a nosotros nos dijeron que nos hacían otras tortillas
de huevos de gallinas. Pero les dijimos que no, que queríamos nuestras
tortillas. Les partía el corazón al vernos tan tristes. No sabían qué hacer, pero hasta el año siguiente no
volvimos a comer nuestras tortillas.
Nunca cogíamos huevos de cuervo, nos daba asco. Eran unos carroñeros comían
toda la porquería. Ni tampoco el del cuco.
Un día estábamos sentados a la sombra
y vimos dos pajaritos muy alborotados y nos levantamos y fuimos
corriendo a ver lo que pasaba, no entendíamos que había otro pájaro más grande tirándoles los huevos al suelo, nos
acercamos para que no les tirara todos.
Cuál fue nuestra sorpresa, que
cuando llegamos había tres huevos
pequeños y uno muy grande, dejamos los de los pajaritos y quitamos el grande.
Lo llevamos a casa. Lo contamos a
nuestros papas y nos dijeron que el huevo que llevábamos era del cuco. Nos
explicaron que el cuco siempre ponía el huevo en otro nido, para que lo encubaran
otros pajaritos y por eso estaban tirando los otros huevos y dejaba el suyo
en el nido de los pajaritos. Porque los cucos suelen poner solamente un huevo y
lo ponen en el nido ajeno porque ellos
nunca hacen nido. Nos decían nuestros padres que los cucos nunca encubaban sus huevos, por eso lo ponían en otro nido para
que lo encubaran otros pájaros. Lo que si os digo si alguna vez leéis este relato verdadero de mi niñez es que os
pido que cuidemos la
naturaleza, porque todos los seres vivos, empezando por las personas, animales, y plantas, somos
la naturaleza. Parte de DIOS.
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