CUENTO DE LA ABUELA GUAY PARA SUS NIETOS MARTÍN, XAVIER AMANDA, BELTRAN:
CUENTO NÚMERO VEITICUATRO:
Había una isla llamada isla del cordero llena de volcanes. Allí vive poca gente porque era muy pobre y
llena de volcanes. La mayoría de las personas que viven en esa isla estaban más apartadas de los
volcanes, y allí donde viven hay mucho terreno muy fértil y pueden tener mucho ganado: vacuno, caballos,
ovejas, cabras, cerdos, conejos,
gallinas. Estas poblaciones viven
muy bien en este lado de la Isla, porque sembraban de todo y tienen de todo no
les faltaba de nada.
Y del otro lado de los volcanes hay unas aldeas que viven muchas
familias que aunque tienen mucho
terreno lo pasan muy mal. Porque
los mejores terrenos están cerca de los volcanes y no se atreven a acercase a ellos aunque nunca
estuvieron en erupción volcánica hasta
ahora que se han decidido.
Porque les daba miedo,
y entonces tenían unas tierras que siembran de todo un poco, pero como no les llegaban los
alimentos aunque hacían trueque cambiándose los alimentos entre ellos.
Las diez aldeas que se encuentran en ese sitio al ver que así
no podían seguir se juntaron todos los vecinos para coger el terreno que estaba
al lado de los volcanes, y los jóvenes de las
aldeas han dicho a sus padres que
primero tenían que asegurarse que no lo hayan cogido el terreno otras familias, que tenían que saberlo antes que nadie haya cogido ese
terreno, si no lo cogió nadie entonces ponerlo ellos a nombre de las diez aldeas, porque si lo trabajamos y esos terrenos están
a nombre de otros dueños luego venían y
se quedaban con todo lo que estaban haciendo; y los mayores vieron que los
jóvenes llevaban razón, acordaron que los que tenían que ponerlo a su nombre
era los chicos y chicas, porque los jóvenes eran los que necesitaban el
terreno. Y al día siguiente vino un
comerciante a comprarles cosas y les dice que haces que no estáis cogiendo
terreno porque el gobierno les va a dar a los jóvenes que hayan nacido en la
Isla todo el terreno que ellos quieran
coger para que no se vayan de la
isla, ya veo que no estáis enterados,
por eso os digo que rápidamente os pongáis acoger todo el terreno que haya por
este lado de los volcanes. Si no os dais prisa vienen de otros lados de la isla
y os llevan todo y os quedáis sin nada y vuestros hijos si no lo hacéis
rápidamente mañana los tendréis aquí los demás cogiendo el terreno y vuestros
hijos en vez de ser dueños serán siempre empleados y eso no es justo. Os voy a
decir como lo están haciendo: están poniendo unas pancartas diciendo el terreno
que cogen y donde empiezan y donde
termina y ellos le dijeron que
querían coger desde el volcán de San
Martin hasta el volcán de San Javier y
el comerciante les dijo ¿y porque no
hasta el volcán del Acebo? porque ese terreno que habéis dejado es más fértil
casi que los que habéis nombrado. Yo que paso por ese sitio siempre veo
las cosas como son, poneros rápidamente a
trabajar que nadie os quite lo que por justicia es vuestro, yo se que son cincuenta kilómetros desde el volcán
San Martin al volcán del Acebo.
Rápidamente se pusieron manos a la obra empezando en los
extremos poniendo las pancartas que decían este terreno desde el volcán San
Martin pasando por el volcán de San Javier hasta el volcán del Acebo de cincuenta
kilómetros cuadrados pertenece a
las diez aldeas de San Ildefonso.
Estuvieron todos los
habitantes de las aldeas padre, madre, hijos, hijas, poniendo las pancartas que decían estos
cincuenta kilómetros cuadrados son de
las diez aldeas de San Ildefonso. Terminaron ya de noche de ponerlas tal como
les dijo el comerciante que tenían que hacerlo los chicos cuando escucharon al
señor decir que el parlamento y el gobierno de la Isla iban a dar el terreno
a los jóvenes nacidos en la Isla para que no se marcharan, entonces acordaron que fueran a la capital una representación de
chicas y chicos para hablar con el gobierno para que les dieran el terreno.
Al día siguiente se pusieron en camino la mayoría de los
chicos y chicas, los que habían acordado cuanto más terreno les dieran mejor. Cuando
llegaron a la capital se dirigieron al parlamento porque ese día el gobierno
estaba allí. Ese día habían aprobado la ley para dar el terreno
a los jóvenes. Cuando llegaron y les dijeron a los guardias que querían hablar
con el gobierno y los parlamentarios y
el guardia entro al parlamento y les dijo que fuera estaban los primeros jóvenes que
llegaron había muchos y que querían hablar con ellos, les hicieron pasar y al verlos
les dio mucha alegría que aquellos chicos y chicas quisieran quedarse en la
Isla. Les preguntaron de dónde venían y
qué era lo que querían ellos les dijeron que venían de la cordillera volcánica y querían que les diera terreno para poderse
quedar en la isla porque allí nacieron y allí quieren vivir. Y los
parlamentarios y el gobierno se pusieron muy contentos y les dijeron cuánto terreno
queréis porque vemos que sois muchos.
Y ellos contestaron que querían el terreno que hay desde el volcán
de San Martín, pasando por el volcán San Javier hasta el volcán del Acebo. Para tener bastante terreno para las diez
aldeas, que son 50 kilómetros cuadrados y así tener de dónde poder vivir
y así tener terreno bastante para las
diez aldeas.
El gobierno y los parlamentarios les preguntaron si tenían
bastante terreno con lo que les estaban diciendo y ellos les dijeron que sí.
Les escrituraron el terreno a nombre de las diez aldeas como
les ha dicho los chicos y se lo registraron
en el Registro de la propiedad.
Los jóvenes les dieron las gracias y los invitaron a unas
tortas de maíz que habían hecho sus
abuelas y unas botellas de vino que cosechaban ellos. Los parlamentarios no
salían de su asombro al ver aquellos jóvenes desnutridos lo que estaban
haciendo.
Les dieron las gracias a los chicos y les dijeron que
pasarían a verlos para comprarles el vino que era muy bueno. Los jóvenes cuando
salían había tanta gente para que les
dieran el terreno que no podían.
Cuando llegaron estaban todas las familias esperando porque
habían preparado una fiesta para celebrar que el porvenir de sus hijos iba a
ser muy prospero, aquellas familias vivieron
con mucha prosperidad y fueron
muy felices. Fin.
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