sábado, 9 de noviembre de 2013

CUENTO NÚMERO VEITICUATRO:


CUENTO  DE  LA ABUELA  GUAY  PARA  SUS  NIETOS  MARTÍN,  XAVIER  AMANDA,  BELTRAN: 

CUENTO  NÚMERO  VEITICUATRO:

Había una isla llamada isla del cordero  llena de volcanes.  Allí vive poca gente porque era muy pobre y llena de volcanes. La mayoría de las personas que viven  en esa isla estaban más apartadas de los volcanes, y allí donde viven hay   mucho terreno muy fértil y  pueden tener mucho ganado: vacuno, caballos, ovejas, cabras, cerdos, conejos,  gallinas. Estas  poblaciones viven  muy bien en este lado de la Isla,  porque sembraban de todo y tienen de todo no les faltaba de nada.

Y del otro lado de los volcanes hay unas aldeas que  viven muchas  familias que aunque tienen   mucho terreno lo  pasan muy mal. Porque los  mejores terrenos están  cerca de los volcanes y no se atreven  a acercase a ellos aunque nunca estuvieron  en erupción volcánica hasta ahora que se han decidido.   

Porque  les daba miedo, y entonces tenían unas tierras que siembran  de todo un poco, pero como no les llegaban los alimentos  aunque hacían  trueque cambiándose los alimentos entre ellos.                           

Las diez aldeas que se encuentran en ese sitio al ver que así no podían seguir se juntaron todos los vecinos para coger el terreno que estaba al lado de los volcanes, y los jóvenes de las  aldeas  han dicho a sus padres que primero tenían que asegurarse que no lo hayan cogido el terreno otras familias,  que tenían que  saberlo antes que nadie haya cogido ese terreno, si no lo cogió nadie entonces ponerlo ellos  a nombre de las diez aldeas,  porque si lo trabajamos y esos terrenos están a nombre de otros dueños luego venían  y se quedaban con todo lo que estaban haciendo; y los mayores vieron que los jóvenes llevaban razón, acordaron que los que tenían que ponerlo a su nombre era  los chicos y chicas,  porque los jóvenes eran los que necesitaban el terreno.  Y al día siguiente vino un comerciante a comprarles cosas y les dice que haces que no estáis cogiendo terreno porque el gobierno les va a dar a los jóvenes que hayan nacido en la Isla todo el terreno que ellos quieran  coger  para que no se vayan de la isla,  ya veo que no estáis enterados, por eso os digo que rápidamente os pongáis acoger todo el terreno que haya por este lado de los volcanes. Si no os dais prisa vienen de otros lados de la isla y os llevan todo y os quedáis sin nada y vuestros hijos si no lo hacéis rápidamente mañana los tendréis aquí los demás cogiendo el terreno y vuestros hijos en vez de ser dueños serán siempre empleados y eso no es justo. Os voy a decir como lo están haciendo: están poniendo unas pancartas diciendo el terreno que cogen y donde  empiezan y donde termina  y ellos le dijeron que querían  coger desde el volcán de San Martin  hasta el volcán de San Javier y el comerciante les dijo  ¿y  porque no  hasta el volcán del Acebo? porque ese terreno que habéis dejado  es más fértil  casi que los que habéis nombrado. Yo que paso por ese sitio siempre veo las cosas como son, poneros  rápidamente a trabajar que nadie os quite lo que por justicia es vuestro,  yo se que son cincuenta kilómetros desde el volcán San Martin al volcán del Acebo.       

Rápidamente se pusieron manos a la obra empezando en los extremos poniendo las pancartas que decían este terreno desde el volcán San Martin pasando por el volcán de San Javier hasta el volcán del Acebo de  cincuenta  kilómetros cuadrados  pertenece a las diez aldeas de  San Ildefonso.

Estuvieron todos los  habitantes de las aldeas padre, madre, hijos, hijas,  poniendo las pancartas que decían estos cincuenta  kilómetros cuadrados son de las diez aldeas de San Ildefonso. Terminaron ya de noche de ponerlas tal como les dijo el comerciante que tenían que hacerlo los chicos cuando escucharon al señor  decir que el parlamento  y el gobierno de la Isla iban a dar el terreno a los jóvenes nacidos en la Isla para que no se marcharan,  entonces acordaron  que fueran a la capital una representación de chicas y chicos para hablar con el gobierno para que les dieran el terreno.     

Al día siguiente se pusieron en camino la mayoría de los chicos y chicas, los que habían acordado cuanto más terreno les dieran mejor. Cuando llegaron a la capital se dirigieron al parlamento porque ese día el gobierno estaba allí.  Ese  día habían aprobado la ley para dar el terreno a los jóvenes. Cuando llegaron y les dijeron a los guardias que querían hablar con el gobierno y los parlamentarios  y el guardia entro al parlamento y les dijo  que fuera estaban los primeros jóvenes que llegaron había muchos y que querían hablar con ellos, les hicieron pasar y al verlos les dio mucha alegría que aquellos chicos y chicas quisieran quedarse en la Isla. Les preguntaron  de dónde venían y qué era lo que querían ellos les dijeron que venían de la cordillera volcánica  y querían que les diera terreno para poderse quedar en la isla porque allí nacieron y allí quieren vivir. Y los parlamentarios y el gobierno se pusieron muy contentos y les dijeron cuánto terreno queréis  porque vemos que sois muchos.           

Y ellos contestaron que querían el terreno que hay desde el volcán de San Martín, pasando por el volcán San Javier hasta el volcán del  Acebo.  Para tener bastante terreno para las diez aldeas, que son 50  kilómetros    cuadrados y así tener de dónde poder vivir y así tener terreno bastante para las  diez aldeas.

El gobierno y los parlamentarios les preguntaron si tenían bastante terreno con lo que les estaban diciendo y ellos les dijeron que sí. 

Les escrituraron el terreno a nombre de las diez aldeas como les  ha dicho los chicos y se lo registraron en el Registro de la propiedad.   

Los jóvenes les dieron las gracias y los invitaron a unas tortas de maíz  que habían hecho sus abuelas y unas botellas de vino que cosechaban ellos. Los parlamentarios no salían de su asombro al ver aquellos jóvenes desnutridos lo que estaban haciendo.

Les dieron las gracias a los chicos y les dijeron que pasarían a verlos para comprarles el vino que era muy bueno. Los jóvenes cuando salían había tanta gente para que  les dieran el terreno  que no podían.

Cuando llegaron estaban todas las familias esperando porque habían preparado una fiesta para celebrar que el porvenir de sus hijos iba a ser muy prospero, aquellas familias vivieron  con mucha prosperidad  y fueron muy felices.  Fin.      

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